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Domingo 25 de octubre de 2026

Brasil define su balotaje con un presidente fuerte, pero condicionado

Lula y Flávio Bolsonaro se enfrentan este domingo en la segunda vuelta. Según un constitucionalista, el resultado marcará si el próximo gobierno enfrenta un Congreso hostil o uno cercano a poder reformar la Constitución.

Redacción

· 3 min de lectura

Brasil define su balotaje con un presidente fuerte, pero condicionado
Imagen · Il Fatto Quotidiano

Brasil vota este domingo 25 de octubre en el balotaje presidencial entre Lula, candidato del Partido de los Trabajadores, y Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Jair Bolsonaro fue condenado en 2025 a más de 27 años de cárcel por el intento de golpe de Estado de 2023.

El sistema brasileño suele describirse como "presidencialismo imperial". Rolando Tarchi, profesor de derecho constitucional comparado de la Universidad de Pisa, explicó que la expresión apunta a la concentración de poderes: el presidente es jefe de Gobierno y de Estado, cabeza de la administración federal y comandante supremo de las Fuerzas Armadas. Según Tarchi, se trata de una presidencia "muy fuerte", con poderes de dirección política, iniciativa legislativa e intervención en la economía.

Los contrapesos

Ese poder tiene límites previstos en la propia Constitución. El primero es el judicial: según Tarchi, el Supremo Tribunal Federal tiende en los últimos años a ir más allá del control de constitucionalidad e incide en el funcionamiento de las instituciones. A su lado actúa el Tribunal Superior Electoral, que además de organizar las elecciones juzga los abusos de campaña. Para el profesor, lo ocurrido tras las elecciones de 2022, con el asalto a las sedes institucionales en Brasilia el 8 de enero de 2023 y la condena de Jair Bolsonaro, mostró cuán central es el Poder Judicial en la defensa del orden constitucional. Es la primera vez que un expresidente brasileño es condenado por un atentado contra el orden democrático.

También pesa el federalismo. Brasil es una federación de 26 estados, el Distrito Federal y los municipios, todos reconocidos como entes federativos. Tarchi sostuvo que ese federalismo fue débil durante mucho tiempo, pero recuperó importancia con la pandemia: frente a la postura de Bolsonaro, que minimizaba el virus, gobernadores e intendentes adoptaron restricciones por su cuenta, y en abril de 2020 el Supremo les reconoció esa autonomía. San Pablo, mediante el Instituto Butantan, empezó a producir vacunas y empujó al gobierno federal a lanzar la campaña nacional.

Presidencialismo de coalición

El contrapeso más relevante, según el académico, es el sistema de partidos. Los especialistas hablan de presidencialismo de coalición: el presidente es elegido para gobernar personalmente, pero debe actuar en parte como jefe de una coalición parlamentaria, por la fragmentación partidaria. Para Tarchi, ahí está la paradoja: la legitimación directa y los poderes constitucionales no aseguran una mayoría estable, y el presidente depende de acuerdos cambiantes, cargos y negociaciones presupuestarias. Eso, agregó, reduce la transparencia de la responsabilidad política.

Jair Bolsonaro, pese a presentarse como ajeno al sistema, "tuvo que negociar" con los partidos del Centrão y en 2021 entregó a uno de sus líderes la Casa Civil. Tarchi señaló que esos partidos, como União Progressista, PSD, Republicanos o MDB, también participaron en los últimos años del gobierno de Lula, y que las mayorías surgen más de las negociaciones posteriores al voto que de las urnas.

Dos escenarios

Tarchi planteó dos escenarios. Si gana Lula, habría una situación asimilable a un gobierno dividido: un presidente sin mayoría homogénea, obligado a negociar cada medida con un Congreso donde los partidos opositores son mayoría en ambas cámaras, con riesgo de parálisis y conflicto permanente por el presupuesto y los nombramientos. Si gana Flávio Bolsonaro, la presidencia podría contar con una mayoría amplia y homogénea, cercana, sobre todo en el Senado, a los umbrales necesarios para modificar la Constitución.

Las dos hipótesis dependen de que los partidos del Centrão mantengan su flexibilidad histórica. Si las pertenencias parlamentarias son fluidas, como advierte el propio Tarchi, el mapa de mayorías podría reacomodarse después del voto. Queda por ver qué negociaciones abre el resultado y qué papel toman el Supremo y los gobernadores en el próximo mandato.

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