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Lunes 26 de octubre de 2026

Cómo Lula revirtió la elección en tres semanas y venció a Flávio Bolsonaro

Con una ofensiva en redes, medidas de alivio fiscal y un debate decisivo, el presidente brasileño pasó de ir dos puntos abajo en las encuestas a ganar el balotaje por 3,5 puntos.

Redacción

· 3 min de lectura

Cómo Lula revirtió la elección en tres semanas y venció a Flávio Bolsonaro
Imagen · Financial Times

Luiz Inácio Lula da Silva ganó el domingo la segunda vuelta en Brasil por 3,5 puntos porcentuales sobre el senador Flávio Bolsonaro. Las encuestas previas al último debate televisivo, realizado el viernes, le daban a su rival una ventaja promedio de 2 puntos.

El debate

A mitad del debate, Lula, de 80 años (cumple 81 este martes), parecía por momentos confundido por el formato e irritado por la seguridad de su rival, de 45. Entonces Bolsonaro lo llamó "nueve dedos", una burla habitual en sectores de la derecha brasileña por el dedo que Lula perdió de adolescente en un accidente en una fábrica metalúrgica de San Pablo.

Lula miró a cámara y respondió: "Era menor y trabajaba de noche, porque o trabajaba o no comía". Y agregó: "No voy a aceptar que un chico bien me diga nueve dedos". El cruce circuló por internet durante todo el fin de semana.

Es imposible saber si eso inclinó la elección. Mario Marconi, director de la consultora Teneo, opinó que el momento tuvo un efecto crucial porque "encapsuló la diferencia entre esfuerzo, experiencia y conciencia social versus lo contrario". Según Marconi, le permitió a Lula recordar su trayectoria sin parecer anclado en el pasado.

Redes, economía y foco en el rival

Entre las dos vueltas, la campaña se rehízo. Lula, que el año pasado decía no tener celular, empezó a grabar videos en modo selfie para acercarse a votantes jóvenes desinteresados. La pieza clave fue el diputado aliado André Janones, de otro partido, que creó un canal de WhatsApp con casi 11 millones de seguidores. Lo bautizó "el Ejército de Lula", con él como general y Lula como mariscal, y lo usó para difundir mensajes motivacionales e instrucciones de campaña.

Algunos analistas dudaban de que eso alcanzara para reducir la abstención, concentrada en votantes pobres y de menor nivel educativo, que tienden a simpatizar con Lula. La segunda vuelta tuvo la participación más alta en 20 años. Angélica Jansen, de 53 años, de Manaos, dijo en los festejos en la avenida Paulista: "Después del resultado de la primera vuelta, pensé que habíamos perdido. Entonces llegó Janones y empezamos a pelear".

Lula también ofreció medidas fiscales en la recta final, entre ellas una ampliación del alivio de deudas para pequeños negocios, con la que buscó acercarse a emprendedores jóvenes. Sus asesores advertían que Bolsonaro, que prometía un ministerio de la prosperidad, ganaba terreno entre trabajadores que aspiran a ser sus propios jefes.

El otro cambio fue concentrar la atención en el rival. Lula recordó que el padre de Flávio, el expresidente Jair Bolsonaro, fue condenado por conspirar para un golpe militar. En la última semana lo llamó de forma reiterada miliciano, por sus vínculos con personas ligadas al crimen organizado en Río de Janeiro; Bolsonaro siempre negó una conexión directa con esos grupos.

Los errores del campo rival

Bolsonaro era considerado gran favorito: nadie había remontado antes una desventaja de primera vuelta, y la mayoría de los candidatos eliminados eran de derecha, lo que hacía esperar una transferencia de votos. Pero su entorno dio la impresión de dar la victoria por hecha, y algunos aliados discutían abiertamente quién ocuparía los ministerios.

En la derecha habrá reproches por la decisión de Jair Bolsonaro de lanzar a su hijo mayor en lugar de una figura de centroderecha con menor rechazo. Parte del empresariado esperaba al gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas, que terminó postulándose a la reelección y venció a Fernando Haddad, exministro de Economía, por 63% a 36%. Bolsonaro perdió en ese estado la votación presidencial.

Una lectura

Thomas Traumann, consultor político y exvocero presidencial de un gobierno de izquierda, sostuvo que fue "una derrota del bolsonarismo, más que una victoria de Lula": "Hubo un rechazo tan fuerte que la gente se organizó sin partidos para derrotarlo".

El resultado sugiere que el escrutinio de la segunda vuelta pesó más sobre el candidato que sobre el presidente en ejercicio, en una época en que los oficialismos suelen caer. Con las elecciones de Israel el 27 de octubre y las legislativas de Estados Unidos el 3 de noviembre, el caso brasileño será observado de cerca. Queda abierto cuánto del triunfo se explica por la campaña de Lula y cuánto por el rechazo a su rival, y cómo se reacomodará la derecha.

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