Del '68 a las protestas estudiantiles de hoy: la irrupción de la inteligencia artificial
Una columna de opinión publicada en Italia sostiene que comparar el Sessantotto con la movilización juvenil actual es una trampa: ahora el conflicto ya no es solo entre Estado y ciudadanos, sino que suma a la IA.

Según la autora de una columna de opinión publicada en el diario italiano Il Fatto Quotidiano, es tentador trazar una línea de contacto entre el '68 y la actual protesta estudiantil, pero hay que evitar la idea de que la historia se repite. Su argumento central es que la ecuación cambió: antes estaban el Estado y los jóvenes; hoy están el Estado, el pueblo y la inteligencia artificial.
Qué pedían y qué piden
En el '68, plantea la columna, el objetivo era democratizar la escuela, romper con el autoritarismo y dar lugar a la creatividad, la libertad y la paz. Hoy, en cambio, los jóvenes reclaman una escuela que funcione y una cultura a la que sus padres y abuelos sí pudieron acceder, además de ser puestos en el centro de las políticas públicas, porque el futuro es de quienes lo van a vivir.
La autora considera legítimos esos reclamos, pero sostiene que "las respuestas no existen". A su juicio, la superposición entre presente y futuro debilitó a gobiernos ya ineficaces y vació de ideas la disputa política: si todo cambia constantemente, plantea, es difícil planificar. Con ese ritmo, sostiene, ningún programa académico pensado para una generación puede escapar a la obsolescencia, en un contexto en el que muchas profesiones serán desempeñadas por IA y robots.
Incertidumbre y rearme
La columna describe un mundo donde la guerra cambia, la información se altera y el límite entre realidad y ficción se desdibuja. Afirma que en cuatro años la IA destruyó buena parte de las verdades que acompañaron a la humanidad durante milenios.
Para la autora, a los gobiernos les resulta más fácil concentrarse en sectores concretos. Señala que Europa no tiene ejército ni armamento y que por eso invierte en la industria bélica. Considera "una asurdidad" destinar fondos al rearme cuando no alcanzan para educar a los jóvenes ni cuidar a los mayores. Y sostiene que la retórica de la defensa se volvió el caballito de batalla de una clase política europea incapaz de manejar la nueva ecuación, con la violencia atribuida a los manifestantes como corolario.
La salida que propone
Según la columna, esa defensa no incluye a los jóvenes y queda limitada a proteger a las élites en el poder. Los chicos, dice, temen "crecer ignorantes". La autora recuerda que ninguna innovación tecnológica se detuvo jamás y que habrá que adaptarse, pero no eliminando la cultura ni empobreciendo la escuela. Concluye que los jóvenes deberán sacudir a un Estado "aniquilado" y movilizar al pueblo para equilibrar el peso de la IA, y que quizá tengan que reinventar el Estado y la idea misma de democracia.
Una lectura
El texto es una postura, no un balance de datos: no presenta cifras sobre las protestas ni detalla qué reclamos concretos tienen las movilizaciones. Lo que deja abierto es cómo se traduciría en política educativa la idea de enseñar para un futuro que cambia más rápido que los planes de estudio, y qué lugar ocuparía la IA en ese debate. Es una pregunta que atraviesa a varios países europeos.