Disturbios en Milán: un columnista los presenta como una guerra islámica
Tras los saqueos del 17 y 18 de octubre en el centro de Milán, el periodista Max Del Papa sostuvo en La Verità que no se trató de protesta ni de delincuencia común. Su lectura, de tono beligerante, es una postura de opinión y no un hecho comprobado.

El sábado 17 de octubre, una manifestación contra el aumento del costo de vida en Milán fue desbordada por cientos de jóvenes vestidos de negro, llegados de las periferias, del cinturón urbano y de otras provincias. Asediaron la plaza del Duomo, obligaron a la policía a retroceder, destrozaron un auto de los carabineros, rompieron vidrieras y saquearon el local de Foot Locker.
El Ministerio del Interior contabilizó 104 heridos entre las fuerzas del orden. El domingo los episodios se repitieron, ya sin el pretexto de la protesta: fueron blanco Levi's, Champion, Decathlon y un Carrefour de la via Torino, que quedó vacío. Hubo unos 200 detenidos, ocho de cada diez menores de edad. Según Confcommercio, los daños superaron el medio millón de euros solo el primer día.
Según el relato, algunos agitaban banderas palestinas, otros gritaban «Allah akbar» y otros insultaban a la Iglesia frente a la catedral.
La lectura de Del Papa
Max Del Papa, autor del libro La resa. L'Italia islamizzata nella rassegnazione comune (publicado el 3 de septiembre), escribió el 19 de octubre que lo ocurrido confirma lo que anticipaba. Para él, las escuelas y el costo de vida son pretextos: Milán fue «presa letteralmente d'assalto, devastata, conquistata al grido Allah akbar».
Sostiene que la izquierda radical realiza «la saldatura dei terrorismi», es decir, la unión del extremismo de los centros sociales con el islamista, lo que llama «islamocomunismo». Para respaldar la idea cita un ensayo de 1994 del dirigente trotskista británico Chris Harman, El Profeta y el proletariado, que teorizaba que los revolucionarios podían marchar junto a los islamistas en ciertas ocasiones.
También afirma que los policías se sienten usados «como carne da macello» y que «siamo in guerra ma da una parte sola».
«Maranza» o «barbareschi»
Del Papa rechaza el término «maranza», que considera casi afectuoso, y propone «barbareschi», en alusión a los corsarios berberiscos que durante siglos asolaron las costas italianas. Cita al historiador Robert Davis, quien estima que entre 1530 y 1780 más de un millón de europeos, en gran parte italianos, fueron capturados y vendidos en Argel, Túnez y Trípoli. Según el columnista, la palabra designa un método de vida basado en la depredación y no una raza.
Reconoce que muchos de los saqueadores nacieron en Italia y tienen ciudadanía italiana, pero afirma que «un islamico è un islamico» al que se le regaló la ciudadanía. Cita luego varios versículos del Corano sobre guerra y botín, y sostiene que para el creyente depredar al infiel es un acto de fe. Reconoce, a la vez, que quien grita «Allah akbar» mientras rompe una vidriera quizá nunca leyó el libro.
Propuestas y advertencia
El columnista recuerda que el Código Penal castiga la devastación y el saqueo con prisión de 8 a 15 años, con agravante si ocurren durante una manifestación. Propone aplicarlo, expulsar a los extranjeros condenados, cerrar mezquitas donde se predique el odio y devolver a la policía «el derecho a defenderse». Afirma que la magistratura y el jefe del Estado se oponen al gobierno.
Anuncia además que los saqueos se repetirán, que habría una cita todos los sábados a las 15 en el centro y llama a los ciudadanos a ponerse junto a las fuerzas del orden.
Una lectura
Los hechos verificables son los disturbios, los heridos, los detenidos y los daños. La atribución de un móvil religioso a todos los participantes es una interpretación de su autor: la propia nota admite que muchos son italianos y menores, y que las consignas fueron dispares. No se precisó cuántos de los detenidos tenían vínculos con alguna ideología ni cómo se identificó la convocatoria semanal que se menciona. Conviene seguir las investigaciones judiciales y lo que ocurra los próximos sábados para distinguir entre protesta, delito organizado y el discurso político que ya se montó sobre ambos.