El triunfo de Lula frustra la expansión regional de Trump
Con una campaña centrada en la soberanía frente a Washington, Lula ganó las elecciones en Brasil y dejó sin su mayor aliado potencial a la estrategia hemisférica de Trump. La relación hoy es cordial, pero quedan varios focos de tensión.

"Brasil no aceptará ser el patio trasero de nadie", declaró Luiz Inácio Lula da Silva en su discurso de victoria electoral, un mensaje dirigido a Washington. Según relató la corresponsal de la BBC Ione Wells, el desafío del presidente brasileño a lo que describió como injerencia estadounidense despertó un espíritu patriótico que resultó eficaz en la campaña.
Una relación que pasó de la ruptura a la cordialidad
Trump reaccionó con ambigüedad: "Me cae bien Lula, nos llevamos bien", dijo, y agregó: "No tomé partido". Pero también calificó las elecciones de "terribles" y "amañadas". No respaldó explícitamente al rival de Lula, Flávio Bolsonaro, que se negó a reconocer el resultado, aunque sí fue aliado cercano de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro.
Hace aproximadamente un año, Lula le dijo a la autora que no tenía "ninguna relación" con Trump. Washington había impuesto aranceles punitivos a Brasil, en gran parte como respuesta política al juicio por golpe de Estado contra Jair Bolsonaro, que Trump llamó "cacería de brujas".
Lula contraatacó con discursos sobre soberanía y una gorra azul con la inscripción "Brasil pertenece a los brasileños", y acusó de antipatriota a la familia Bolsonaro, que había presionado por los aranceles. Su aprobación se disparó y hasta parte del sector agrícola, habitualmente bolsonarista, le dio la razón. Estados Unidos redujo los aranceles, aunque luego volvieron a subir. Los presidentes hablaron en Naciones Unidas y se reunieron en la Oficina Oval, donde Trump calificó la charla de "muy buena" y Lula dijo que se iba "muy satisfecho".
El trofeo que no llegó
América Latina giró a la derecha: Ecuador, Chile, Colombia, Argentina y Perú eligieron presidentes alineados con Washington. Trump busca apoyarse en ellos para consolidar el dominio estadounidense en el hemisferio, estrategia que llamó "Doctrina Donroe".
Christopher Sabatini, de Chatham House, sostuvo que Trump veía a Brasil como el "décimo y mayor trofeo" tras la victoria de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta. Brasil es la mayor economía de la región, se esperaba que se sumara a la coalición "Escudo de las Américas" contra el narcotráfico y tiene las segundas mayores reservas de tierras raras del mundo, después de China, a las que EE.UU. quería acceso preferencial.
Frentes abiertos
A comienzos de este año Brasil acusó a Estados Unidos de intentar sembrar dudas sobre su sistema electoral y negó visas a dos funcionarios del Departamento de Estado. Washington lo calificó de "infundado" y revocó la visa del embajador brasileño. Si Trump sigue hablando de "fraude", podrían surgir nuevas consecuencias diplomáticas.
Lula también rechazó la acción militar estadounidense en la región, desde la detención de Nicolás Maduro en Venezuela hasta los bombardeos a presuntos botes narco, y criticó que Washington designara terroristas a las dos principales bandas criminales brasileñas tras presiones de Flávio Bolsonaro.
Se suman la tecnología y los pagos. La campaña de Lula acusó a Meta de favorecer a Flávio Bolsonaro; la empresa lo negó, aunque admitió que fallas de moderación y errores técnicos eliminaron publicaciones o limitaron su alcance. Además, el gobierno de Trump está disconforme con Pix, el sistema de pagos instantáneos brasileño, que según Washington le quita clientes a Visa y Mastercard.
Una lectura
Estados Unidos sigue siendo el segundo socio comercial de Brasil, después de China, lo que modera los incentivos para una pelea abierta. Aun así, Lula tiene cuatro años por delante y la estabilidad del vínculo dependerá de cuánto intente intervenir Washington y de cuán contundente sea la respuesta brasileña. Queda por ver si Trump sostiene su cuestionamiento al resultado y cómo evolucionan los aranceles.
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