El veto al hiyab en escuelas de Bakú deja a Teherán ante su propia contradicción
La prohibición en las escuelas públicas de Azerbaiyán generó protestas y detenciones, y puso a los sectores conservadores iraníes a defender un derecho que su propio país restringe.

El 21 de septiembre el gobierno de Bakú modificó las normas de vestimenta en las escuelas públicas y vedó las prendas consideradas incompatibles con la uniformidad de los guardapolvos o con el "carácter laico de la educación estatal". El texto no prohibiría de forma explícita el hiyab, pero desde principios de octubre algunas alumnas y docentes con velo no pudieron entrar a las aulas.
La reacción llegó rápido: protestas, boicots a las clases y al menos 37 detenciones, según anunció el 12 de octubre el Ministerio del Interior azerí. En un país de mayoría musulmana y predominantemente chiita, la medida abrió un debate que excede el código escolar y las fronteras azeríes.
Oportunidad y riesgo para Teherán
Irán tiene una numerosa minoría azerí, sobre todo en la región fronteriza de Azerbaiyán Occidental y en su capital, Tabriz. Los sectores ultraconservadores iraníes denunciaron una "agresión a la identidad islámica" del país vecino. El religioso Mohammad Javad Fazel Lankarani condenó las restricciones, y dirigentes y medios conservadores hablaron de presiones occidentales y, en particular, del papel de Israel.
El diario Kayhan, cuyo director es designado por el líder supremo, sostuvo que las medidas de Bakú responden a una lógica impuesta desde Tel Aviv, con el que Azerbaiyán mantiene una fuerte cooperación, también militar. Teherán, en cambio, apoya desde hace tiempo a Armenia, de mayoría cristiana.
Esa lectura expresa una preocupación geopolítica real, pero también una conveniencia interna: permite unir la defensa de la centralidad de la religión en la sociedad con la oposición a la influencia israelí en el Cáucaso sur.
El espejo iraní
En Irán el velo obligatorio se volvió un símbolo de la coerción estatal sobre la vida privada. Desde las protestas por la muerte de Mahsa Amini y el nacimiento del movimiento "Mujer, vida, libertad", en 2022, la ley no fue derogada, pero en muchas zonas urbanas las mujeres sin velo son casi la norma, mientras las autoridades alternan períodos de tolerancia y nuevas campañas represivas.
El diario reformista Mardomsalari señaló la ironía de quienes sostuvieron que la ley debe cumplirse aun cuando impone el velo y ahora reclaman el derecho de las estudiantes azeríes a usarlo contra la ley de su país. En redes, activistas y comentaristas como Golshan Fathi y Moosa Hasanvand fueron más lejos: obligar a una mujer a velarse y forzarla a quitárselo son dos formas de la misma injerencia.
Cautela diplomática
La embajada iraní en Bakú rechazó las acusaciones de interferencia, luego de que una organización azerí denunciara supuestas campañas extranjeras contra la nueva norma. El 20 de octubre, el vocero de la Cancillería iraní, Esmail Baghaei, pidió una solución basada en el diálogo, el respeto de los derechos fundamentales y la comprensión mutua, y recordó los lazos históricos entre ambos pueblos.
Irán y Azerbaiyán comparten historia, frontera y mayoría chiita, pero sus relaciones están atravesadas por rivalidades estratégicas. Teherán desconfía de la cooperación azerí con Israel y teme que el fortalecimiento de Bakú altere el equilibrio regional. Bakú defiende su soberanía y rechaza injerencias. Figuras como Ali Akbar Velayati llegaron a cuestionar que Bakú sea sede, el año próximo, de la cumbre del Consejo de Cooperación Islámica.
Una lectura
Es poco probable que la controversia, por sí sola, derive en una ruptura diplomática. Pero deja a los conservadores iraníes en una posición incómoda: si el problema es el derecho de las niñas azeríes a estudiar con o sin velo, cuesta más justificar que el Estado iraní castigue a las mujeres que no quieren usarlo. El riesgo más concreto es que las alumnas excluidas de las aulas queden reducidas a símbolos de una disputa que no eligieron.