Fibromialgia: la ciencia explora el rol del sistema inmune en el dolor
El diagnóstico sigue siendo clínico y las causas se consideran múltiples. Una línea de investigación estudia si en parte de los pacientes hay un componente inmunológico, aunque todavía no está confirmado.

Millones de personas conviven con la fibromialgia, una enfermedad cuyo dolor es difícil de explicar y a menudo invisible para los demás. Los síntomas más comunes son dolores musculoesqueléticos generalizados, cansancio persistente, trastornos del sueño, dificultades de concentración y mayor sensibilidad a los estímulos.
Hoy el diagnóstico sigue siendo principalmente clínico, porque los estudios de laboratorio y por imágenes no muestran alteraciones específicas.
Una hipótesis inmunológica en estudio
En los últimos años la investigación prestó creciente atención a una posible participación del sistema inmune. Entre los especialistas que contribuyeron al debate internacional figura el inmunólogo israelí Yehuda Shoenfeld.
Según las hipótesis planteadas, aún en estudio y no confirmadas de manera definitiva, en una parte de los pacientes podría existir un componente inmunológico capaz de influir en cómo el sistema nervioso percibe y amplifica el dolor. Se trata de una línea prometedora pero no concluyente, que requiere más verificaciones.
El objetivo es determinar si hay subgrupos de pacientes con alteraciones inmunológicas específicas. Algunos estudios sugirieron posibles anomalías en la respuesta inmune, en la comunicación entre células nerviosas e inmunitarias y en los niveles de ciertas moléculas ligadas a procesos inflamatorios.
Una enfermedad multifactorial
La hipótesis más aceptada es que se trata de una enfermedad multifactorial, en la que factores neurológicos, genéticos, ambientales, psicofísicos y, en algunos casos, inmunológicos pesan de modo distinto según cada paciente. Por eso, sostiene la fuente, los tratamientos disponibles deben abarcar el mayor número posible de aspectos, como el desequilibrio funcional de los sistemas neurovegetativo y musculoesquelético.
Oclusión dental y alimentación
También se señala la importancia de evaluar la oclusión dental: las alteraciones del equilibrio oclusal y el bruxismo (apretar o rechinar los dientes) pueden mantener tensiones musculares en la zona craneocervicomandibular.
Como parte de un abordaje, se menciona una alimentación orientada a alcalinizar el organismo, eventualmente combinada con microinmunoterapia, suplementos para reducir la inflamación crónica de bajo grado, vitamina D3, K2 y vitaminas del grupo B. La ozonoterapia, aplicada por autohemotransfusión menor o mayor, por vía oral o rectal, podría ser una opción complementaria en un tratamiento multidisciplinario.
Una lectura
El panorama combina una enfermedad sin marcadores objetivos y una investigación que recién explora subgrupos de pacientes. Las terapias complementarias mencionadas se presentan sin datos de eficacia, y la propia hipótesis inmunológica sigue sin confirmación. Conviene seguir si los estudios logran identificar subgrupos definidos y si esas intervenciones se evalúan con evidencia clínica.
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