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Domingo 25 de octubre de 2026

Jowhar, Somalia, espera el El Niño sin ayuda internacional

La ciudad, rodeada por al-Shabaab, se prepara para inundaciones mientras los fondos humanitarios se desploman. El fenómeno climático llega a su pico en diciembre.

Redacción

· 3 min de lectura

Jowhar, Somalia, espera el El Niño sin ayuda internacional
Imagen · Financial Times

Jowhar, capital regional del estado de Hirshabelle, en el centro de Somalia, enfrenta la llegada de El Niño con conflicto armado, sequías recientes y un recorte drástico de la asistencia internacional. El fenómeno, cuyo pico se espera para diciembre y que se prolongaría hasta 2027, amenaza con inundar zonas ribereñas donde viven cientos de miles de personas, según autoridades locales que citan datos de la ONU.

"Primero nos desplazó la lucha, después tuvimos que huir de la sequía. Cuando llegue la lluvia, tendremos que movernos otra vez", dijo Baturo Hussein, que llegó a Jowhar desde su aldea por temor a que al-Shabaab reclutara a su hijo.

Un río que desborda o se seca

El Shabelle, que nace en las tierras altas de Etiopía, suele desbordarse sobre las planicies fértiles cuando llueve y puede secarse antes de regar los cultivos en épocas de sequía. Tras las inundaciones mortales de 2024, durante el anterior ciclo de El Niño, las lluvias fallaron cuatro temporadas seguidas. Según el Programa Mundial de Alimentos, 5,4 millones de personas, más de un tercio de la población, sufren inseguridad alimentaria aguda, y unos 1,5 millones enfrentan niveles de hambre de emergencia.

Muchos agricultores decidieron no sembrar. "Si plantan, arriesgan perderlo todo. Si no, no tienen qué comer", explicó Antoine Grand, delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Hassan Yusuf Bare, de la aldea de Kalundi, recordó que en 2024 los vecinos escaparon en balsas hechas con bidones y las casas se derrumbaron. Esta vez, dijo, planean cruzar el agua y sacar sus cosas con burros.

Los mayores recuerdan una barrera río arriba que desviaba el Shabelle a un embalse para riego. "Entonces no había inundaciones", dijo Abdirahman Sheikh Hassan, jefe de una cooperativa agrícola. El Programa de la ONU para el Medio Ambiente inició el mes pasado un proyecto con varios donantes para reconstruirla, pero incluso con financiamiento y sin cambios en el conflicto llegaría tarde para este El Niño.

Fondos que desaparecen

El comisionado del distrito, Osman Moh Muktar, resumió la situación: "Tenemos dos El Niño aquí. El El Niño de Trump y este El Niño que viene". Se refería a los recortes de la administración de Donald Trump, que llevaron el presupuesto humanitario estadounidense para Somalia a cero. La ayuda europea también disminuye. Según la ONU, el financiamiento humanitario pasó de 2.200 millones de dólares en 2022 a menos de 300 millones este año.

Las agencias de la ONU retiraron casi todo su personal. El CICR y la Media Luna Roja Somalí figuran entre las pocas organizaciones que siguen en la ciudad. "La drástica reducción de la financiación humanitaria global fue particularmente dolorosa para Somalia, dada su alta dependencia de la ayuda", dijo Grand.

Miles de desplazados engrosaron la población de unos 100.000 habitantes. Viven en campamentos precarios de changas, trabajo rural y venta de leña, carbón y pasto. "Cuando llueve hace falta tener reservas de comida. Ahora no tenemos nada", dijo Salido Warsamo, de 60 años, cuya carpa quedó destrozada por el clima.

Un hospital al límite

El hospital regional atiende a un área de 600.000 personas. La obra de un edificio nuevo financiado por el Banco Mundial está frenada por una disputa con los contratistas. En agosto hubo 183 casos de heridos de guerra que requirieron cirugía, con una sola muerte. El último gran ataque de al-Shabaab en la ciudad fue un coche bomba contra un hotel en 2022.

Los cerca de 100 empleados trabajan en su mayoría sin cobrar. La partera Fatima Hussein dijo que lleva dos años sin salario. El centro sobrevive con apoyo del CICR para el quirófano, donaciones sueltas y entre 8.000 y 10.000 dólares mensuales que empezó a cobrar por algunos servicios. "Funcionamos con esperanza y lo poco que tenemos", dijo el cirujano Abdullah Hussein.

Un Estado frágil

Somalia está en conflicto casi permanente desde la caída del dictador Siad Barre en 1991. El país se divide entre el gobierno federal de Mogadiscio, regiones armadas autónomas y al-Shabaab, afiliado a al-Qaeda, que controla más de un tercio del territorio, sobre todo rural y en el sur. Una fuerza de paz de seis países africanos y drones de Estados Unidos y Turquía sostienen al gobierno, y el futuro de esa misión está en duda por los planes de Washington de retirar fondos.

La combinación de emergencias muestra qué ocurre cuando una población dependiente de la ayuda enfrenta un desastre previsible sin red de contención. Queda abierto si llegará algún financiamiento antes del pico de diciembre y qué pasará con la misión de paz, de la que depende la débil presencia estatal.

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