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Sábado 24 de octubre de 2026

La cabeza del cachalote, un arma capaz de hundir barcos

Una investigación respalda la hipótesis de Owen Chase, primer oficial del Essex: el órgano frontal de los cachalotes funcionaría como ariete. El naufragio de 1820 inspiró "Moby Dick".

Redacción

· 3 min de lectura

La cabeza del cachalote, un arma capaz de hundir barcos
Imagen · BBC

El 20 de noviembre de 1820, un cachalote embistió dos veces al ballenero Essex y destrozó su proa. Más de dos siglos después, una investigación sugiere que el primer oficial del barco, Owen Chase, tenía razón sobre cómo un animal podía hundir una embarcación mucho más grande: con la cabeza.

El ataque al Essex

Thomas Nickerson, que entonces tenía 15 años, acababa de escapar de una ballena que había abierto un agujero en su bote. Al volver al barco principal vio que otra, mucho más grande, se dirigía hacia ellos a toda velocidad. La ballena golpeó al Essex con tal fuerza que derribó a toda la tripulación, se alejó 270 metros, giró y volvió a embestir. El barco se hundió.

Veinte hombres subieron a tres botes. Estaban a más de 2.000 km de las islas Marquesas, pero por temor a encontrar caníbales decidieron navegar 3.700 kilómetros hacia Sudamérica, contra el viento. Pasaron más de tres meses a la deriva, con poca comida y agua. Cuando se agotaron las provisiones, recurrieron a la "costumbre del mar", que toleraba el canibalismo entre marineros del siglo XIX como último recurso. En uno de los botes echaron a suertes quién sería sacrificado: le tocó a Owen Coffin, de unos 17 años, primo del capitán George Pollard. De los 17 que se encomendaron al mar, solo cinco volvieron con vida; otros tres se habían quedado en una isla deshabitada y sobrevivieron. Herman Melville tomó esta historia como inspiración para "Moby Dick".

Un órgano para embestir

Los cachalotes tienen una cabeza que ocupa cerca de un tercio de su cuerpo y cerebros de hasta 9 kg, los más grandes de la Tierra. En la frente tienen un órgano graso y blando, exclusivo de la especie, lleno de espermaceti, un aceite codiciado por los balleneros como combustible y para hacer jabones y velas. Entre los siglos XVIII y XIX se cazaron unos 300.000 cachalotes.

Chase sostenía que la frente era un arma. "Esta no era nuestra hipótesis original, sino de Owen Chase", afirmó el biólogo evolutivo jubilado Dave Carrier, quien dijo que se propusieron comprobarlo. En un estudio de 2002, Carrier propuso que el melón, órgano graso de la frente de los cetáceos dentados, evolucionó como arma de embestida entre machos. Según explicó, las ballenas están emparentadas con ciervos y carneros, que compiten a cabezazos. Un estudio de 2015 planteó que el órgano amortigua lo suficiente como para usarlo sin sufrir daños.

Las mediciones

Alec Burslem, ecofisiólogo de la Universidad de Hawái, grabó cachalotes jóvenes dándose cabezazos cerca de las islas Baleares y las Azores, algo que describió como una "afortunada coincidencia". El mayor impacto registrado fue el de un macho juvenil que se lanzó a 4,5 metros por segundo y golpeó con unos 460 kN. Burslem estima que un adulto a esa velocidad golpearía con unos 1200 kN, comparable a un autobús a 65 km/h.

Según Michael Harrison, de la Sociedad Histórica de Nantucket, solo tres barcos balleneros fueron atacados por ballenas, siempre cachalotes: el Essex, el Ann Alexander (1851, Pacífico Sur) y el Kathleen (1902, cerca de las Galápagos). Las embarcaciones pequeñas, en cambio, eran atacadas con frecuencia, aunque, dijo, los cuadernos de bitácora no reflejan su magnitud.

Lo que sigue abierto

Burslem reconoció que se ignora con qué frecuencia los cachalotes usan la cabeza como arma en estado salvaje, y que la función de ese órgano no se comprende del todo. Otra hipótesis apunta a la comunicación: el sonido producido por los "labios de mono" viaja hacia adelante y hacia la pared posterior del espermaceti, y la hembra podría juzgar así el tamaño del macho.

Las funciones podrían no excluirse: el mismo órgano sería ariete y señal de cortejo. Los datos provienen de choques entre ejemplares jóvenes, así que la fuerza que se les atribuye a los adultos es una estimación. Burslem pidió priorizar la conservación, porque, dijo, "apenas estamos empezando a comprenderlos".

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