La sequía de 2026 amenaza los dos últimos humedales de turba de Hesse
En la Breungeshainer Heide, en el Vogelsberg, cayó menos de la mitad de la lluvia que necesita un páramo alto para sostenerse. Los especialistas advierten que la restauración tiene límites y piden un invierno lluvioso.

El verano seco de 2026 golpeó a los últimos turbales altos del estado alemán de Hesse. Según el Servicio estatal de Naturaleza, Medio Ambiente y Geología (HLNUG), solo quedan dos: el Rotes Moor, en la Rhön, y la Breungeshainer Heide, en el Vogelsberg.
Estos ecosistemas, llamados Hochmoore (turberas altas), reciben agua únicamente de las precipitaciones. Por eso, los años con poca lluvia, largas fases secas y mayor evaporación por las altas temperaturas los afectan de manera especialmente fuerte, indicó el organismo.
Menos de la mitad de la lluvia necesaria
"So wenig Wasser wie in diesem Jahr hatten wir hier seit Jahren nicht mehr" ("Hace años que no teníamos tan poca agua como este año"), dijo Johannes Euler, director del proyecto de conservación del Vogelsberg. Según sus datos, en la zona del Hoherodskopf cayeron hasta ahora unos 600 litros por metro cuadrado. Una regla empírica indica que para conservar una turbera alta hacen falta al menos 1.300 litros al año.
Euler agregó que importa también cuándo llueve: de nada sirven 1.500 litros entre octubre y abril si en el resto del año casi no cae agua.
Una fragilidad heredada
La vulnerabilidad de la turbera, de apenas cuatro hectáreas, es también consecuencia de siglos de extracción de turba y drenaje. Desde hace unos diez años se intenta estabilizarla; entre otras medidas, se usan tablestacas para retener el agua y evitar que el terreno se seque demasiado rápido.
Hace poco comenzaron además trabajos para que el agua permanezca más tiempo en una turbera baja ubicada al noreste. Según Euler, ya hay primeros resultados. A diferencia de las altas, las turberas bajas tienen conexión con el agua subterránea, los cursos de agua o las lagunas.
Aun así, el guardabosques Marcus Engel, experto en conservación del Forstamt Schotten, reconoció los límites: "Wir kommen hier an unsere Grenzen" ("Estamos llegando a nuestros límites"). Y sostuvo que, si en verano la lluvia falta o disminuye, tampoco las medidas de restauración serán plenamente eficaces. Euler pidió "einen niederschlagsreichen Winter" ("un invierno rico en precipitaciones") y resumió: "Der Rest muss von oben kommen" ("El resto tiene que venir de arriba").
Carbono en juego
Según el HLNUG, las turberas son reservorios clave de carbono. La turba se forma cuando restos vegetales se descomponen de forma incompleta en condiciones de saturación de agua y poco oxígeno, y el carbono puede quedar retenido durante milenios. Si la capa se seca, los microorganismos degradan la materia orgánica más rápido y se libera dióxido de carbono en gran escala.
El organismo incluye a las turberas altas entre los hábitats "potencialmente perjudicados" por el cambio climático en Hesse. Desde hace unos años, la aplicación del "Klimaplan Hessen 2030" renovó muchas de las medidas de protección antiguas.
Margen de recuperación
En la Rhön, la renovación del Rotes Moor se persigue desde principios de los años ochenta; este verano, según la reserva de biosfera, decenas de voluntarios colaboraron en proyectos de rehumidificación.
Euler subrayó que estos hábitats pueden recuperarse: "Wenn es im nächsten Jahr mehr regnet, kann das Hochmoor wieder wachsen" ("Si el año próximo llueve más, la turbera puede volver a crecer"). En años lluviosos, los musgos Sphagnum se empapan "como una esponja" y pasan de un color pálido a un verde intenso o rojo. Formar un milímetro de turba lleva alrededor de un año.
Una lectura
El caso muestra los límites de la ingeniería frente al clima: las obras retienen agua, pero no la producen. Lo que ocurra con las lluvias del invierno marcará si 2026 fue un mal año o el inicio de una tendencia, y cualquier balance de la restauración solo podrá hacerse en plazos de generaciones.
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