# Los lowriders de Los Ángeles, entre la mecánica y la familia

> En clubes como los City Kings, los autos modificados con hidráulica son memoria familiar y proyecto compartido, y la fiebre en redes sociales encareció los modelos clásicos.

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- Publicada: 24 oct 2026, 13:06 (2026-10-24T16:06:20.579Z)
- Actualizada: 24 oct 2026, 13:06 (2026-10-24T16:06:20.592Z)
- Firma: Redacción de Republisher
- Sección: [Sociedad](https://republisher.online/secciones/sociedad)

Un humo gris sale de pronto del baúl de un Chevy Malibu Wagon de 1982. Cuatro hombres corren, levantan la tapa y miran las baterías, los cables y las bombas. Algo se quemó. Instantes antes, el auto había saltado un metro hacia arriba: lo que en la escena lowrider se llama _hoppear_, es decir, hacer que el vehículo brinque gracias a un sistema hidráulico.

El mecanismo funciona así: un interruptor activa la hidráulica y, en el baúl, las bombas empujan aceite hacia los cilindros. Las alimentan ocho baterías grandes de 12 voltios. Cuanto mayor es la tensión, más rápido responde el sistema.

## Los City Kings

El episodio ocurrió en una reunión de los City Kings, un club de 17 miembros entre viejos amigos, chicos y familias. Algunos de ellos jugaban al fútbol americano en la calle cuando eran adolescentes y necesitaban un nombre para el equipo: uno propuso "Kings", otro "City". Los autos llegaron después. Primero integraron otro club, hasta que hubo una pelea y en 2010 fundaron el propio, con el nombre de siempre.

Romeo, de 8 años, pasea entre ellos con un lowrider a control remoto que costó 600 dólares y que también puede andar en tres ruedas y hoppear. Cuando se les pregunta cuánto hay que presupuestar para uno real, responden: "endless", sin fin. Un auto nunca está terminado: siempre falta una grabación, una pieza cromada, un detalle interior o un cambio en la hidráulica.

## Una cultura con raíces mexicanas

Los lowriders nacieron en las comunidades mexicanas del sur de California y hace décadas forman parte del paisaje de Los Ángeles, como las palmeras y las autopistas. Para sus dueños son recuerdo, historia familiar y proyecto comunitario.

"Every car tells a story", dice Milo Munoz. La suya empezó a los 15 años, cuando un vecino le dejó las llaves de un auto marrón oscuro, de serie, el día de su cumpleaños. A los 18, con su primer empleo, empezó a modificarlo. "Meine ganzen Gehaltsschecks gingen in das Auto", contó, es decir, que todos sus sueldos fueron al auto, y que en el fondo sigue siendo así. Trabaja como camionero y retira contenedores en los muelles.

No necesitó un taller profesional: compró la hidráulica y las llantas, un amigo pintó el auto en su patio y otros ayudaron. Cuando nacieron sus hijos desarmó el lowrider, y siguió así más de 14 años. Su hijo pequeño lo empujó a rearmarlo. Munoz asegura que hoy rechazaría un millón de dólares; el jefe del club, Pablo Martínez, le gritó "mentiroso". Munoz respondió que antes quizá habría vendido, pero que ya no. Y agregó: "Wenn er irgendwann sagt, ‚Dad, verkauf ihn‘, dann verkaufe ich ihn", o sea, que lo venderá si su hijo se lo pide.

El padre de Romeo cuenta que el chico acompaña los arreglos en la entrada de la casa desde hace unos cuatro años: "Irgendwann übernimmt er". Algunos autos pasan de generación en generación; el de los abuelos se convierte en el lowrider de los nietos.

## Manejar, no exhibir

Según los City Kings, muchos otros dueños casi no sacan sus autos a la calle: los llevan en trailer a exposiciones, los descargan y los devuelven, porque son demasiado valiosos y delicados. Ellos, dicen, manejan. Y si uno se queda parado, "nos quedamos todos": el club entero espera hasta que el auto arranca o llega la grúa.

También es conocido Haroutyn Abrahamian, del club Individuals, de 56 años. Se sumó al grupo con su hermano en 1988. Circula por Erwin Street, en Woodland Hills, sobre tres ruedas; unos jóvenes tocan bocina y filman, y luego un dron lo registra mientras hoppea en un semáforo. Eso no está permitido, y por un momento temió que fuera un dron policial, pero un hombre se acercó entusiasmado a mostrarle sus imágenes. Sus autos aparecieron en producciones de cine y videoclips, como "It Was a Good Day", de Ice Cube, de 1993.

Abrahamian recordó que hace diez años algunos Cadillac, muy buscados en la escena, se conseguían por 3.000 dólares. Luego los precios subieron con fuerza, en algunos casos varias veces. Una de las razones, dijo, es la popularidad en las redes sociales.

## Una lectura

La escena combina dos tensiones: un fenómeno cada vez más visible y valorizado, y una práctica que sigue ocurriendo en garajes, patios y reuniones privadas, donde importa más el trabajo sobre el auto que la exhibición. El encarecimiento de los clásicos puede volver más difícil el acceso de nuevas generaciones, aunque los propios clubes apuestan a la transmisión familiar. Queda por ver si esa lógica comunitaria resiste la presión del mercado y de la fama digital.

## Fuentes

- [Lowrider in Los Angeles](https://www.faz.net/aktuell/besser-leben/stil/lowrider-in-los-angeles-201300786.html) (Frankfurter Allgemeine, 24 oct 2026, Alemán)