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Lunes 26 de octubre de 2026

Los saamaka de Surinam mapean su selva para frenar la tala y la minería ilegales

Con imágenes satelitales, GPS y patrullas, comunidades del interior de Surinam documentan las zonas que protegen desde hace generaciones. Buscan que el Estado reconozca su sistema tradicional de manejo del bosque.

Redacción

· 3 min de lectura

Los saamaka de Surinam mapean su selva para frenar la tala y la minería ilegales
Imagen · The Associated Press

En lo profundo de la selva de Surinam, un grupo de hombres saamaka que se abría paso a machete por una montaña boscosa encontró una excavadora abandonada y campamentos madereros en un área que, según creían, debía haber permanecido intacta. El hallazgo, registrado por The Associated Press, que acompañó patrullas comunitarias y un sobrevuelo en helicóptero, ilustra la presión creciente sobre uno de los países más boscosos del mundo.

Un bosque intacto bajo presión

Surinam, un país pequeño de Sudamérica con unos 650.000 habitantes, conserva cerca del 93% de su territorio cubierto de bosque. Sus selvas absorben más gases de efecto invernadero de los que el país emite, lo que lo convierte en uno de los pocos países con balance de carbono negativo.

Sin embargo, la expansión de caminos abre zonas antes inaccesibles a la tala y a la minería de oro. Los territorios tribales perdieron casi 154.000 hectáreas de bosque desde 2001, aproximadamente el doble de la superficie de la ciudad de Nueva York. Durante el sobrevuelo, la AP observó nuevos caminos y claros que avanzan sobre selva en buena medida intacta. El daño es menor que en partes de los vecinos países amazónicos, pero hay señales de un avance del desarrollo en el interior.

Conocimiento tradicional y tecnología

Durante generaciones, los clanes saamaka regularon el uso del bosque mediante acuerdos tradicionales: reservaron áreas para la agricultura y protegieron otras por su valor espiritual, cultural o histórico.

Ahora las comunidades mapean esas zonas bajo una iniciativa llamada Apaki, nombre de un recipiente hecho con la fruta seca del calabazo que se usa para conservar alimentos. Así como ese recipiente cuida la comida, la iniciativa busca resguardar el bosque para las generaciones futuras y reforzar el reclamo de reconocimiento estatal.

Las imágenes satelitales permiten detectar claros y caminos sospechosos; el GPS, las patrullas y los sobrevuelos sirven para documentar las incursiones en el terreno. Además, se capacita a jóvenes para reunir pruebas que respalden denuncias y acciones legales.

Un fallo sin cumplir

En 2007, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenó a Surinam reconocer los derechos colectivos de los saamaka sobre la tierra, tras concluir que el Estado había violado su derecho de propiedad al otorgar concesiones madereras y mineras en su territorio tradicional. Casi dos décadas después, dirigentes saamaka sostienen que partes clave del fallo siguen sin aplicarse, por lo que las comunidades carecen de autoridad legal para controlar el desarrollo en sus tierras.

John Goedschalk, asesor del presidente de Surinam, dijo que el gobierno actualiza el marco legal para permitir que se establezcan formalmente áreas protegidas comunitarias. También afirmó que el presidente impuso una moratoria a nuevas concesiones de minería de oro y a sus prórrogas.

Defender el bosque tiene riesgos. Hugo Jabini, director gerente de la Asociación de Comunidades Saamaka, contó que recibió una amenaza de muerte este año, después de que las comunidades cuestionaron una concesión minera cercana a un área forestal protegida.

Navaldo Vola, de 31 años, que ayudó a liderar la patrulla, dijo: “Esta es nuestra riqueza y por esto estamos luchando”. Y agregó: “Quizás dentro de mil generaciones esto todavía debe estar aquí, tal como nuestros ancestros nos lo dejaron”.

Una lectura

La brecha entre el fallo de 2007 y su cumplimiento deja a las comunidades haciendo por su cuenta tareas de vigilancia que corresponderían al Estado. La reforma legal y la moratoria que menciona el gobierno son anuncios cuya aplicación todavía no se verificó. Queda por ver si las pruebas que reúnen los saamaka se traducen en sanciones y en reconocimiento formal, y si los caminos siguen avanzando mientras tanto.

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