Lula frena el avance de la derecha en Sudamérica, pero con menos aliados
La victoria sobre Flavio Bolsonaro mantiene a Brasil en manos de la izquierda y preserva un contrapeso frente al espacio que referencia Donald Trump. Lula gobernará en una región muy distinta de la de su primera presidencia.
Con su triunfo sobre Flavio Bolsonaro, Luiz Inácio Lula da Silva mantiene a Brasil en manos de la izquierda y frena, en la mayor economía de la región, la sucesión de victorias que llevó al poder a Javier Milei en la Argentina, José Antonio Kast en Chile, Daniel Noboa en Ecuador, Rodrigo Paz en Bolivia, Keiko Fujimori en Perú y Abelardo de la Espriella en Colombia.
Para la derecha latinoamericana, Brasil era la elección que podía darle otra dimensión a su avance. Para la izquierda, era la que no podía perder: estaban en juego el gobierno del país más grande de Sudamérica y la continuidad de su dirigente de mayor proyección internacional.
Un mapa con menos compañía
El nuevo mapa reúne a Milei, Kast, Fujimori, De la Espriella, Noboa, el paraguayo Santiago Peña y Paz. Uruguay conserva un gobierno de izquierda, con Yamandú Orsi. Fuera de Sudamérica, México, con Claudia Sheinbaum, es el otro gran punto de apoyo del progresismo latinoamericano.
Cuando Lula asumió su primera presidencia, los gobiernos de izquierda se multiplicaban entre sus vecinos. Ahora el bastión brasileño tiene menos socios. Aun así, el peso económico, territorial y diplomático de Brasil impide medir el equilibrio regional como una simple suma de gobiernos: la derecha puede reunir más presidencias sin asegurarse el predominio político de Sudamérica.
Para Milei, el resultado posterga la posibilidad de tener un gobierno afín en Brasilia. La convivencia con Lula seguirá siendo una pieza central de las relaciones regionales, más allá de las diferencias.
¿Giro ideológico o castigo al oficialismo?
El resultado introduce un matiz en la explicación de los últimos cambios de gobierno. “Son ciclos de frustración más que ideológicos”, dijo a LA NACION Juan Negri, director de Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, durante las elecciones chilenas de diciembre pasado. Su diagnóstico apuntaba a electorados que reclaman respuestas concretas y retiran el apoyo a quienes no las dan. Lula logró sobrevivir a ese clima de castigo a los oficialismos.
El politólogo Steven Levitsky planteó que las victorias de la derecha no demuestran por sí solas que la sociedad se haya corrido en igual medida hacia esa posición: pueden expresar la elección de la alternativa disponible frente a un oficialismo que decepcionó. Las trayectorias también difieren. En Paraguay, Peña prolongó el predominio del Partido Colorado. En Perú, Fujimori llegó con un partido de fuerte influencia parlamentaria, en medio de una crisis institucional que atravesó gobiernos de distintos signos.
Un bastión bajo presión
Los primeros meses de algunos gobiernos nuevos muestran lo rápido que puede desgastarse un triunfo. Kast sufrió una caída temprana de popularidad, asociada al aumento de los combustibles, y Fujimori enfrenta un deterioro de su aprobación en un contexto de pesimismo económico y falta de respuestas frente al delito.
Daniel Zovatto describió en mayo, en una columna en LA NACION, electorados que evalúan cada vez más a sus dirigentes por el desempeño, con el empleo, la seguridad y el bienestar pesando sobre lealtades partidarias debilitadas. Lula también estará sometido a esa exigencia. Además, enfrentará un Congreso fortalecido a la derecha tras la primera vuelta, lo que lo obligará a negociar su agenda. “Gobernar resultará considerablemente más complejo que ganar elecciones”, escribió Zovatto en julio.
Una lectura
La continuidad de Lula no convierte a la región en un terreno más favorable para el progresismo: muestra, más bien, que el castigo a los oficialismos no es automático. Queda abierto cómo equilibrará Lula las demandas internas con la influencia de Brasil entre vecinos con los que comparte cada vez menos afinidades, y si el desgaste temprano de algunos nuevos gobiernos altera el mapa antes de la próxima ronda electoral.
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