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Lunes 26 de octubre de 2026

Lula inicia su cuarto mandato con Congreso adverso, déficit fiscal y tensión con Trump

El líder de la izquierda brasileña ganó el balotaje con el 51,7% frente a Flávio Bolsonaro. Gobernará un país dividido, sin mayorías legislativas y con las cuentas públicas en rojo.

Redacción

· 3 min de lectura

Lula inicia su cuarto mandato con Congreso adverso, déficit fiscal y tensión con Trump
Imagen · La Jornada

Luiz Inácio Lula da Silva ganó el balotaje del domingo con el 51,7% de los votos frente al 48,2% del senador derechista Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, que lo había superado en la primera vuelta del 4 de octubre. A pocos días de cumplir 81 años, el líder del Partido de los Trabajadores arrancará su cuarto mandato no consecutivo en un escenario complejo.

El resultado ajustado confirma la grieta que divide a Brasil desde hace una década y muestra que el bolsonarismo sigue fuerte, pese a la condena de su líder a 27 años de prisión por golpismo.

Gobernabilidad

Como en el mandato actual, Lula no tendrá mayorías en el Congreso. Las legislativas de este mes reforzaron a la derecha y dejaron al Partido Liberal de Bolsonaro como primera fuerza, con 121 de los 513 diputados y 28 de los 81 senadores.

Para aprobar sus propuestas, dependerá del "Centrão", un bloque de partidos de centroderecha que apoya a cambio de cargos y recursos, y que suele inclinarse hacia el gobierno de turno. Según la politóloga Mayra Goulart, de la Universidad Federal de Rio de Janeiro, negociar es cada vez más difícil porque los legisladores deciden ahora el destino de una parte considerable del presupuesto federal, lo que les da "más independencia en relación al Ejecutivo".

El problema fiscal

El economista Mauro Rochlin, de la Fundación Getulio Vargas, resumió a la AFP: "los tres grandes problemas de Brasil son el problema fiscal, el problema fiscal y el problema fiscal". El Estado gasta más de lo que recauda, la deuda pública supera el 80% del PIB y el Banco Central mantiene una de las tasas de interés más altas del mundo para contener la inflación.

Rochlin advirtió que esa situación "puede muy rápidamente traducirse en una crisis económica". En su opinión, el ajuste es inevitable pero implica "medidas impopulares" y enfrentarse a "lobbies muy poderosos dentro del Congreso". Eso choca con la principal bandera de Lula: los programas sociales.

Seguridad

Según encuestas recientes, la violencia es la principal preocupación de los brasileños. Lula deberá mostrar resultados contra las facciones criminales y las milicias que controlan territorios en varias ciudades, un terreno en el que la oposición lo acusa de debilidad.

En campaña dijo que apoyaría bajar la edad de responsabilidad penal de 18 a 16 años para crímenes atroces, un viejo reclamo de la derecha, que propone llegar a 14. El tema tiene dimensión internacional: el gobierno de Donald Trump declaró "organizaciones terroristas" al Primeiro Comando da Capital y al Comando Vermelho, las dos mayores facciones del país, pese a la oposición de Brasilia, que ve riesgos para su soberanía.

Trump y una región que gira a la derecha

Lula hizo de la defensa de la soberanía una bandera de campaña, tras los aranceles punitivos que Trump impuso a Brasil el año pasado en represalia por el juicio a Jair Bolsonaro y un nuevo gravamen del 25% este año. Ahora deberá recomponer la relación con Washington, uno de sus principales socios comerciales, sin abandonar ese discurso y frente a una administración que reivindica su influencia sobre lo que llama el "hemisferio occidental".

Lo hará en una región cada vez más alineada con Trump, de la Argentina de Javier Milei a la Colombia de Abelardo de la Espriella. Para Oliver Stuenkel, profesor de relaciones internacionales de la Fundación Getulio Vargas, la cuestión ideológica "importa para encuentros simbólicos" pero en la práctica "no es tan relevante". Sobre Argentina, dijo que, pese a los insultos de Milei a Lula, "en el fondo el contenido de la relación no cambió tanto".

Una lectura

Los desafíos se trababan entre sí: el ajuste fiscal que reclaman los economistas depende de un Congreso que cada vez negocia con más autonomía y afecta la agenda social que sostiene a Lula. Queda abierto cómo equilibrará el gobierno esas presiones y si logrará un deshielo con Washington sin ceder en soberanía. Habrá que seguir la composición de su gabinete y los acuerdos con el Centrão, primeras señales de cuánto margen tendrá.

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