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Viernes 23 de octubre de 2026

Maggiori: "No es el fin de la globalización, sino una rotación de dependencias"

El economista de Stanford Matteo Maggiori sostiene que el comercio mundial sigue en niveles altos, pero que cambia su naturaleza: qué se comercia, con quién y qué se considera sensible. Para Europa, dijo, el sacudón vino sobre todo de Estados Unidos.

Redacción

· 3 min de lectura

Maggiori: "No es el fin de la globalización, sino una rotación de dependencias"
Imagen · Il Fatto Quotidiano

Matteo Maggiori, profesor de Finanzas en la Stanford Graduate School of Business y cofundador del Global Capital Allocation Project, rechazó en una entrevista con la agencia Adnkronos que el mundo asista al final de la globalización. Maggiori participa esta semana en el Festival Internacional de la Economía de Turín, donde dicta en el Collegio Carlo Alberto la Pareto Lecture sobre "Geoeconomics".

Su investigación, desarrollada junto a Christopher Clayton y Jesse Schreger, se centra en cómo los Estados convierten relaciones económicas corrientes en instrumentos de influencia y coerción. En el modelo The Great Game, dos potencias hegemónicas siguen comerciando entre sí mientras evitan que el rival se vuelva una alternativa creíble para el resto del mundo.

Una globalización distinta

Según Maggiori, los datos del comercio internacional no muestran un mundo que deja de comerciar: la relación entre importaciones, exportaciones y PBI mundial se estabilizó tras el gran aumento previo a 2008, y el auge de la inteligencia artificial incluso impulsa intercambio, porque su manufactura e infraestructura están repartidas en muchos países. Lo que cambia, explicó, es "una rotación de las actividades, de las cadenas de valor y de las dependencias", que "recién empieza".

Para Europa, afirmó, el shock llegó "no solo ni sobre todo de China" sino de Estados Unidos. Citó los sistemas de pago —Visa, Mastercard, Swift— y mencionó iniciativas como el euro digital. Sostuvo que Donald Trump cambió la percepción de los aliados, que antes creían que la coerción económica estadounidense no los alcanzaba, y que la incertidumbre abarca industrias, aranceles e incluso el compromiso con la OTAN. Por eso, opinó, volver al equilibrio anterior no es posible aunque cambie el ocupante de la Casa Blanca.

Agregó que Washington necesita aliados (Europa, Reino Unido, Corea, Australia) para ejercer presión, por lo que debilitar la alianza transatlántica sería "una de las políticas económicas menos sensatas" si el objetivo es competir con China.

Qué es estratégico

Maggiori advirtió que "la mayor parte de las industrias no es estratégica" y que el término se usa como etiqueta política. Propuso tres rasgos: fuerte control de la oferta (no es lo mismo controlar el 95% que el 50%), dificultad tecnológica de recrear la alternativa —como ocurre con la holandesa Asml— e importancia para el resto de la economía, como los pagos. Para él es una cuestión cuantitativa, no binaria.

Sobre energías renovables, señaló que los paneles ya instalados seguirían produciendo aunque China dejara de vender, a diferencia del petróleo, y que las respuestas pueden ser reservas, más capacidad instalada o diversificación de proveedores, no necesariamente producirlo todo en casa.

Política industrial e IA

Su primer principio es subsidiar un sector, no una empresa, con fuerte competencia posterior. Admitió que en Europa es políticamente difícil y que se corre el riesgo de volver a los "campeones nacionales", política que, dijo, no funcionó. Reclamó una política industrial europea y no "veintisiete políticas nacionales coordinadas a través de Bruselas".

En inteligencia artificial, distinguió entre entrenar modelos de frontera, muy costoso y difícil para Europa, y la inference (el uso de los modelos), que cuesta mucho menos y concentra buena parte del impacto productivo. Planteó apostar por infraestructura de inferencia, datos en centros europeos y adopción amplia, y facilitar la construcción de centros de datos, citando los informes de Letta y Draghi.

Quiebras y capital de riesgo

Maggiori señaló como obstáculo poco discutido el derecho concursal. Si en Italia liquidar una empresa lleva quince años y destruye gran parte del valor, o un joven debe poner de garantía la casa de sus padres, es racional que el capital privado sea prudente. "El capital de riesgo en el mundo no falta", dijo; faltan las condiciones para emplearlo.

Una lectura

Maggiori reconoció que nadie tiene aún una respuesta definitiva sobre dónde trazar la línea entre libre comercio y seguridad económica, y comparó el momento con la regulación financiera posterior a 2008, pero en una fase "mucho más primitiva". Insistió en que estas decisiones, por sus efectos fiscales, industriales y laborales, deben tomarlas gobiernos votados y explicarse a los ciudadanos, o se corre el riesgo de perderlos, como ya pasó con el comercio y los aranceles. Queda abierta la cuestión de si Europa podrá construir esa política común y definir con criterios medibles qué es estratégico.

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