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Domingo 25 de octubre de 2026

Pérdida de biodiversidad y alergias: el costo sanitario del deterioro natural

En la conferencia mundial de biodiversidad en Ereván, científicos advierten que proteger los ecosistemas también es una forma de prevenir enfermedades y contener gastos de salud.

Redacción

· 3 min de lectura

Pérdida de biodiversidad y alergias: el costo sanitario del deterioro natural
Imagen · Frankfurter Allgemeine

Los Estados que negocian en Ereván la aplicación del Acuerdo Mundial por la Naturaleza escuchan una advertencia de la ciencia: la pérdida de biodiversidad no es solo un problema ecológico, sino también sanitario y económico. Así lo planteó el microbiólogo ambiental Michael Schloter, de la Universidad Técnica de Múnich, que debía exponer el domingo en un panel científico de la cita.

Una meta a 2030 que no avanza al ritmo previsto

En diciembre de 2022, casi todos los países acordaron en Montreal frenar para 2030 la destrucción y el debilitamiento de los ecosistemas y revertir la tendencia: que crezcan las poblaciones de plantas y animales, y que bosques, humedales, ríos y mares sean más diversos y resistentes. Según el informe de mitad de período de la ONU, la comunidad internacional "no está en camino" de lograrlo. Hacen falta más esfuerzo y más velocidad.

Microorganismos y alergias

"Las enfermedades crónicas, igual que la propagación de patógenos y resistencias, están influidas por la pérdida de biodiversidad", explicó Schloter, aunque admitió que todavía se conocen poco las conexiones. Una de sus preguntas centrales es cómo afecta la pérdida de especies al gasto en salud, y qué papel juega que el fenómeno alcance también a las redes de microorganismos. "Si se pierde diversidad microbiana, puede haber consecuencias graves para la salud y los costos del sistema sanitario", afirmó.

El aumento de las alergias es una de las tendencias más llamativas de las sociedades industrializadas. Una explicación central es la hipótesis de la biodiversidad: el exceso de higiene podría perjudicar las defensas. Quien crece rodeado de distintos animales y plantas, y hasta hurga la tierra del bosque con las manos, tendría un sistema inmune que "aprende" mejor a distinguir agentes inofensivos de peligrosos, y reaccionaría con menos facilidad de forma exagerada, como en el asma alérgica o la dermatitis atópica.

Como respaldo se cita un estudio sobre granjas en Estados Unidos: los hijos de familias que practicaban agricultura pequeña, sin tecnología moderna, tenían un riesgo de asma claramente menor que los de explotaciones industriales. La pediatra e investigadora alemana Erika von Mutius fue una de las primeras en describir ese "efecto granja" y el rol de la diversidad microbiana en la protección contra el asma. Un estudio finlandés también sugiere que el contacto temprano con la naturaleza puede fortalecer el sistema inmune: en algunos jardines de infantes se cubrieron los patios con tierra de bosque, y los niños mostraron mejores valores de piel e intestino que el grupo de control.

Costos y zoonosis

Solo la dermatitis atópica en adultos cuesta en Alemania, según estimaciones, más de 2.200 millones de euros al año. Schloter citó además un estudio de modelización publicado este año según el cual la carga financiera total de las alergias aumentará de forma marcada hasta 2050.

Las zoonosis, enfermedades infecciosas que pasan de animales a personas y viceversa, son otro ejemplo: la borreliosis transmitida por garrapatas, la gripe aviar, el ébola y el coronavirus. Según el científico, los cambios en la red de microorganismos de suelos y aguas pueden influir en la multiplicación de patógenos, y la tala de bosques y la ganadería intensiva pueden favorecer su expansión. Las estimaciones del Banco Mundial describen daños económicos inmensos, incluso en brotes localizados.

Lo que falta saber

Schloter advirtió que sería simplificar atribuir por completo esos costos millonarios a la pérdida de biodiversidad. Falta entender cómo acelerar la restauración de la diversidad biológica, hoy a menudo lenta, y qué medidas benefician efectivamente la salud humana.

El argumento sanitario suma un motivo práctico para las negociaciones, pero la propia ciencia reconoce que las pruebas son incompletas. Con un plazo que vence en 2030, no todas las preguntas tendrán respuesta a tiempo. Habrá que seguir si los gobiernos incorporan la salud como criterio al diseñar y financiar las políticas de conservación.

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