Polidori: un tercio de los casos de dependencia podría evitarse o postergarse
La geriatra Cristina Polidori sostiene que la medicina espera a que aparezca el deterioro en vez de detectar la fragilidad a tiempo. Descree de las promesas de la industria de la longevidad y apuesta por la prevención.

La especialista en medicina del envejecimiento Cristina Polidori, que dirige desde 2015 la investigación geriátrica clínica en el hospital universitario de Colonia, afirmó en una entrevista con el diario Frankfurter Allgemeine que "un tercio de los casos de dependencia podría evitarse, o al menos postergarse por años". Aclaró que es una opinión: todavía no existen cifras concretas.
Vida máxima y esperanza de vida
Polidori distingue dos conceptos que, dijo, suelen mezclarse. La esperanza de vida depende de la atención médica, el estilo de vida, el ambiente y las condiciones sociales, y puede subir o bajar. La duración máxima de la vida, en cambio, no se puede alargar a voluntad según el conocimiento actual: en humanos hay documentados bien más de 122 años, los de la francesa Jeanne Calment, y no hay prueba científica de que ese tope pueda desplazarse.
La especialista recordó que en 1992 participó en el primer gran estudio sobre centenarios en Italia, donde vivían unos 5.000. Hoy son casi 25.000. Si las tendencias siguen, calculó, cerca de la mitad de los chicos que nacen hoy en ciudades como Fráncfort o Colonia podría llegar a los 100 años.
El desafío para el sistema de salud
En Alemania hay hoy seis millones de personas con necesidad de cuidados. Según Polidori, serán al menos ocho millones en 2050, probablemente nueve, y harían falta entre 700.000 y 800.000 profesionales más. Citó además el informe hospitalario de 2025: el gasto en salud, de 540.000 millones de euros, supera por primera vez los ingresos del Estado, de 440.000 millones. A escala global, las personas de 60 años o más pasarían de unos 1.000 millones en 2020 a 1.400 millones en 2030 y 2.100 millones en 2050.
Para Polidori, la medicina funciona con el principio de "esperar y ver": se trata un déficit una vez que aparece, con reglas que remontó a la medicina de Bismarck de 1883. Propone medir la fragilidad (frailty), el deterioro silencioso de funciones que antecede a la dependencia. La comparó con el terremoto de Amatrice de 2016: desde afuera no se sabía qué casa iba a caerse. Un médico, dijo, probablemente mande a casa como "acorde a la edad" a una persona de 65 que se siente agotada.
Agregó que el sistema trata a pacientes mayores, que suelen tener cinco enfermedades crónicas a la vez y a veces nueve, con terapias no pensadas para ellos. Según dijo, el 90% de los pacientes con insuficiencia cardíaca tiene varias patologías, pero casi el 90% de los estudios sobre esa enfermedad los excluye.
Una consulta para casos complejos
En la Universidad de Colonia, su equipo ofrece una consulta para casos complejos con una evaluación integral: funciones cotidianas y de movilidad, enfermedades asociadas, capacidad mental, estado nutricional, medicación y factores sociales. El resultado es un valor individual entre cero y uno; cuanto más alto, mayor el riesgo de dependencia, que describió como irreversible. Hay centenarios con cerca de 0,3 y personas más jóvenes con 0,7. Trabaja además con obstetras y pediatras de Colonia en un instrumento para estimar el riesgo desde el nacimiento. El método sigue la evaluación geriátrica integral, que desde 2024 tiene en Alemania una guía de máximo nivel (S3).
Las promesas de la longevidad
Sobre los multimillonarios de Silicon Valley y su apuesta por intervenir en el envejecimiento, Polidori sostuvo que faltan un diagnóstico y un biomarcador confiable, porque el envejecimiento varía entre personas y entre órganos. Recordó que la Organización Mundial de la Salud no clasificó el envejecimiento como enfermedad pese a planteos como el de David Sinclair.
Sobre una feria de longevidad reciente en Berlín, dijo que para nada de lo exhibido hay evidencia clínica suficiente de que alargue la vida humana. Reconoció que hay preguntas interesantes y que los resultados en el gusano Caenorhabditis elegans y en ratones son valiosos, pero no se trasladan sin más a las personas. Sobre fármacos como Ozempic, afirmó que los ensayos de fase III no mostraron beneficios para personas sanas con peso normal y que la fuerte pérdida de peso podría reducir masa muscular y aumentar el riesgo de sarcopenia y caídas.
Para ella, las herramientas decisivas ya se conocen: estilo de vida, educación, prevención, alimentación equilibrada, sueño, salud bucal y ejercicio regular. Y señaló que alimentación y estilo de vida casi no tienen lugar en la carrera de Medicina.
Una lectura
El planteo desplaza el debate de la extensión de la vida a la calidad de los años finales y a la detección temprana. Su cifra de un tercio es, por admisión de la propia médica, una estimación sin datos que la respalden, y queda por ver si herramientas como el índice de fragilidad logran validarse y financiarse en sistemas de salud pensados para tratar enfermedades puntuales.
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