Aguantar la espera: por qué conviene distinguir entre impaciencia y calma
Una columna del diario alemán Frankfurter Allgemeine propone separar la impaciencia furiosa de la productiva, en tiempos en que todo parece ir demasiado lento.

Un tren suburbano que debía llegar "en breve" ya acumula once minutos de retraso y se detiene a 500 metros de la estación, aunque todas las señales se ven en verde. Los pasajeros caminan de un lado a otro y miran la hora en el celular, a pesar de que el reloj de la estación está a pocos metros. Con esa escena abre su reflexión el diario Frankfurter Allgemeine.
El tren, aclara el autor, en realidad no está del todo parado: avanza con una lentitud exasperante hacia el andén. Probablemente nadie tenga la culpa, ni el maquinista ni el puesto de control, y mucho menos los pasajeros. Aun así, fastidia.
Una molestia cotidiana
El texto compara esa situación con la de quedar atrapado en una escalera mecánica porque otros la usan como si fuera fija y no se hacen a un costado. A veces, al llegar arriba, se descubre que el obstáculo era un cochecito de bebé o un andador imposible de sortear. Entonces uno puede sentir algo de vergüenza por su propia ira, aunque, señala el autor, no es el único que la siente.
Según el diario, la sensación de que todo anda demasiado lento, con poca energía y al borde de la parálisis, se encuentra hoy con frecuencia: en la política, en la calle, en la fila del correo y en los debates con el público después de eventos.
Entre la furia y la calma
La propuesta del autor es aprender de nuevo a distinguir entre la impaciencia furiosa y la productiva, y a cultivar la serenidad necesaria para sortear obstáculos o aceptar a quienes, al menos por un tiempo previsible, no se pueden cambiar.
También repara en que la frase "el mundo se detiene" suele usarse en películas, canciones y novelas con sentido positivo, salvo en relatos sobre la pandemia o en fantasías postapocalípticas. En la vida diaria, sobre todo en las ciudades, se desea silencio y quietud, con la certeza de que luego todo sigue. Cita al poeta Rainer Maria Rilke, en "Zum Einschlafen zu sagen": "Y abajo camina todavía un hombre extraño / y molesta a un perro extraño. / Detrás se hace silencio".
Una lectura
La columna no ofrece técnicas concretas, pese a que su bajada promete "caminos" para lidiar con la espera. Lo que plantea es más una actitud: la demora que irrita es la que se vive sin saber que va a terminar, y la quietud se vuelve tolerable cuando se la entiende como pausa. Queda abierta la pregunta de cómo se traza en la práctica la frontera entre la impaciencia que mueve las cosas y la que solo desgasta.
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