Asesores de Berlín: la deportación no alcanza contra el islamismo radical
Dos consejeros que ayudan a salir de entornos islamistas sostienen que las expulsiones son una herramienta útil, pero que no resuelven el problema de fondo: la radicalización suele empezar con soledad y falta de pertenencia.

Las deportaciones son un instrumento importante frente a los islamistas considerados peligrosos, pero no resuelven el problema de conjunto. Es la postura de dos asesores berlineses de programas de salida (Ausstiegsberatung, acompañamiento para abandonar entornos extremistas), que trabajan con personas que a veces están muy metidas en esas escenas. Lo plantearon en una entrevista con el diario alemán Frankfurter Allgemeine.
Cómo empieza el trabajo de prevención
Uno de ellos, Ibrahim Bebars, explicó que el comienzo varía mucho. Con frecuencia los casos llegan a través de familiares: padres que notan que su hijo cambió, tiene contactos nuevos, se aleja con fuerza o consume de golpe muchos contenidos religiosos o políticos.
Entonces se inicia lo que llaman clearing, una primera aclaración. Según Bebars, el equipo busca determinar cuál es el problema, si la persona es accesible y está dispuesta a colaborar, y qué hay debajo de la conducta visible.
Esa conducta puede responder a una etapa normal de la adolescencia, a un conflicto familiar, a una relación o al contacto con una escena islamista. A veces, agregó, lo central es otra cosa, como una enfermedad psíquica.
Una lectura
El planteo desplaza la discusión de la respuesta policial y migratoria hacia el origen del fenómeno. Los asesores no descartan la expulsión, pero señalan que la radicalización suele nacer de la soledad y la falta de pertenencia, algo que una deportación no atiende. Queda abierto qué medidas concretas proponen para ese trabajo previo, un punto que la parte disponible de la entrevista no desarrolla.
Archivada en