Audi invierte en Estados Unidos y reabre el debate sobre la industria alemana
El jefe de Audi, Gernot Döllner, compartió escenario con Donald Trump para anunciar inversiones por miles de millones. Para el columnista de Bild Michael Deutschmann, la discusión de fondo es por qué Alemania resulta menos atractiva.
Audi anunció inversiones por miles de millones en Estados Unidos, y su presidente, Gernot Döllner, de 57 años, apareció con el presidente estadounidense, Donald Trump, de 80, en un acto en el que se mencionaron cuatro mil millones de dólares para Georgia. La imagen desató una fuerte reacción política en Alemania, en plena campaña electoral.
Las críticas
El secretario general del SPD, Tim Klüssendorf, calificó el episodio de "escándalo". El líder de Die Linke, Luigi Pantisano, pidió la renuncia de Döllner. El contraste que se señala es que Volkswagen, la casa matriz de Audi, recorta puestos y pelea por sus plantas en Alemania.
La lectura de Bild
En una columna de opinión, el corresponsal Michael Deutschmann sostiene que la pregunta relevante es otra: por qué un fabricante alemán cree que sus inversiones rinden más en el Estados Unidos de Trump que en su país. Según su postura, Döllner busca vender autos, no ganar elecciones, y en Alemania eso se volvió una "aventura política" por años de regulación: el Pacto Verde, las metas de CO₂ para flotas, el fin del motor de combustión y la electromovilidad.
Como ejemplo cita la planta de VW en Zwickau (Sajonia), reconvertida en 2019 con miles de millones en un centro eléctrico. A su juicio, una fábrica moderna no sirve si falta demanda. En Estados Unidos, plantea, hay un mercado enorme, menos reparos hacia los grandes motores a combustión y un gobierno que prioriza la inversión industrial. Por eso considera lógico que un SUV grande como el Q9 tenga allí mejores perspectivas.
Deutschmann admite que se puede juzgar el acto como de mal gusto o políticamente torpe, pero afirma que eso no explica el problema de fondo. Y llega a decir que la foto pudo ser el mayor llamado de atención de Audi a la política alemana, aunque duda de que se escuche en Berlín.
Qué queda abierto
La polémica mezcla dos planos: el de la conveniencia política de la foto y el de las condiciones para producir en Alemania. Los hechos presentados no precisan el calendario de las inversiones ni su impacto en el empleo local, ni cómo responderán el Gobierno o el grupo VW. Habrá que ver si el debate se queda en la crítica al gesto o llega a la política industrial y de movilidad.