Bundeswehr busca jóvenes y se topa con trato áspero y bajo interés
Cinco jóvenes soldados cuentan por qué se sumaron a las Fuerzas Armadas alemanas y por qué algunos se van. Los números del nuevo servicio militar muestran un entusiasmo limitado.

En la Allgäu-Kaserne de Füssen, al pie de los Alpes de Algovia, en Baviera, decenas de camiones militares y soldados con armas y equipo completo contrastan con la postal turística de la zona. Allí sirve Lara, de 21 años, suboficial que se forma como Feldwebel y se comprometió por 15 años. Por protección, la Bundeswehr no permite difundir los apellidos de los jóvenes soldados, algo que consideró "importante en estos tiempos" por la situación con Rusia.
El Batallón de Abastecimiento 8, donde presta servicio, forma parte de la 10.ª División Blindada, clave para defender Alemania y el territorio de la alianza si Rusia atacara el Báltico. Lara dice que esa posibilidad está siempre "en el trasfondo", pero intenta no dejar que la afecte: la decisión, afirma, es de la política.
La brigada en Lituania
Un tema de conversación entre camaradas es la brigada que se está montando en Lituania, también bajo la 10.ª División Blindada. Según Lara, se habla de ella "más bien en negativo" y hay rechazo a ir voluntariamente. Pocos días antes se supo que el ministro de Defensa, Boris Pistorius (SPD), que había apostado por la voluntariedad, ahora quiere obligar a algunos soldados a servir allí.
El ministerio señala que casi el 80% de los puestos se cubrió con voluntarios, pero faltan especialistas, por ejemplo en informática. Calcula que las designaciones obligatorias estarán "en el rango de los varios cientos". Lara se enteró por los medios: dice que suele saberse antes por la prensa que por la cadena de mando. En su batallón explican que la comunicación interna se complica cuando la información se filtra. Ella explica el rechazo por la distancia, las familias y la tensión con Rusia, aunque podría imaginarse sirviendo en Lituania.
Pocos interesados, muchos descartados
Lara quería ser sanitaria y estudiar medicina, pero la declararon "físicamente no apta", algo que sigue sin entender. Volvió a postularse, esta vez para el área de personal, y fue aceptada. Según una respuesta del Gobierno a la bancada Die Linke, en el segundo trimestre alrededor del 24% de los postulantes examinados para el nuevo servicio militar fueron considerados no aptos. El porcentaje era mucho mayor antes de que se suspendiera el servicio obligatorio en 2011, pero igual frena el crecimiento de personal. La asociación de reservistas habla de un "crecimiento a paso de tortuga".
El Gobierno apostó al nuevo servicio con incentivos, como un subsidio libre de impuestos para el carnet de conducir. En el segundo trimestre, 83.483 hombres y 3.077 mujeres completaron el cuestionario de registro. Unos 30.600 marcaron un valor de uno a diez que el ministerio interpreta como posible disposición. De los datos se desprende que unos 55.000 jóvenes expresaron explícitamente que no les interesa.
Si no alcanzan los voluntarios, el Bundestag puede votar un "servicio obligatorio por necesidad". La aspirante a oficial Katharina, de 32 años, de la Luftwaffe, lo ve con una postura "relativamente neutral y abierta". Los otros cuatro soldados consultados por el diario Frankfurter Allgemeine apoyan un servicio obligatorio, militar o civil.
Vacantes, cuarteles y trato áspero
En Füssen solo está cubierto cerca del 60% de los puestos, según el oficial de prensa del batallón: la industria local paga bien y el lugar, junto a la frontera austríaca, queda lejos para muchos. Dice que la unidad está operativa, aunque con más trabajo para cada uno. Lara cuenta que algunos postulantes esperan meses una respuesta y terminan buscando otra cosa.
El cuartel tiene gimnasio, canchas y un gran muro de escalada para entrenar descenso desde helicópteros o asalto a edificios. Aún no está claro si podrían hacerse voladuras, con una escuela al lado. En otros sitios la situación es peor: el informe 2025 del comisionado parlamentario para las Fuerzas Armadas menciona "numerosos cuarteles en mal estado". Darius, de 22 años, en la base de Laage, cuenta que en su bloque no hay wifi. El Estado planea invertir mil millones de euros allí en diez a quince años. El centro de pensamiento de la Bundeswehr, GIDS, advirtió: "Sin cuarteles modernos no conseguiremos suficientes jóvenes".
Darius admite que lo retaron a gritos cuando cometió errores, pero percibe un trato "cada vez más cortés". Maximilian, de 18 años, del Regimiento de Defensa Territorial 1, dice que algunos llegan con expectativas equivocadas, atraídos por el dinero temprano. Alrededor del 20% de los reclutas abandona antes de tiempo. Lara cree que el tono es necesario: "Es orden y obediencia", y en combate no hay tiempo para discutir.
Mujeres en un mundo de hombres
Las mujeres son casi el 14% de la tropa; fuera del servicio sanitario, el objetivo es al menos el 20%. Según el informe 2025, la proporción de postulantes mujeres bajó levemente. El comisionado Henning Otte (CDU) advirtió que las soldados siguen denunciando conductas sexistas o comentarios discriminatorios. Lara reconoce que a veces es difícil hacerse ver como mujer, pero no da detalles. Amélie, de 20 años, habla de un "mundo de hombres" que, según su experiencia, cambia: sus camaradas la esperan y la apoyan en el entrenamiento. Su familia se sorprendió por su decisión, ya que abuelo y padre rehusaron hacer el servicio. Ella dice sentir gratitud hacia el país que acogió a su madre, refugiada del Tíbet, y quiere defender la democracia.
Una lectura
Los testimonios muestran una fuerza que ofrece instalaciones modernas en algunos puntos, pero pierde candidatos por la lentitud administrativa, la distancia, las condiciones de los cuarteles y la cultura interna. Los números del cuestionario sugieren que el voluntariado difícilmente alcance por sí solo. La obligación para Lituania y la posible "Bedarfswehrpflicht" apuntan a que el debate sobre la obligatoriedad seguirá abierto, mientras no esté claro cuántos reclutas lograrán retener.