Christine Wunnicke, entre el tachado y Büchner, en su discurso del premio
La escritora alemana abrió su discurso por el Premio Büchner contando que tachó casi todo lo que había escrito y que, ante eso, decidió leer a Büchner.

La escritora Christine Wunnicke comenzó su discurso de agradecimiento por el Premio Büchner con una confesión sobre su método: lo que mejor sabe hacer al escribir, y lo que más disfruta, es tachar. "Ich streiche alles, was nicht nötig ist" (tacho todo lo que no es necesario), dijo, y explicó que por eso sus libros terminaron siendo tan breves.
Comparó esa tarea, que definió como muy satisfactoria, con el trabajo de una peluquera canina que peina el pelo muerto de un perro con una herramienta llamada cepillo desenredador o rastrillo de recorte.
Dos oraciones, y una menos
Según contó, escribió el discurso con mucha anticipación, para tener tiempo de sobra de angustiarse por él. Después hizo lo de siempre: tachar. Quedaron dos oraciones, y una de ellas también la eliminó. "Da dachte ich, ich lese lieber Büchner" (entonces pensé: mejor leo a Büchner), relató.
El texto, publicado por el diario Frankfurter Allgemeine, se presenta con una bajada que anticipa lo que sigue: la experiencia de leer Leonce und Lena, de Georg Büchner, de noche en el tren circular de Berlín mientras afuera arde el bosque, con el ocio como "principio de todos los vicios" como telón. Solo se conoce el comienzo del discurso; el resto no estaba disponible.
Una lectura
El arranque ya define un tono: humor seco, economía extrema y una relación lúdica con el propio oficio. Que la autora de libros breves cuente que su discurso casi desaparece bajo su propia mano es coherente con esa poética. Falta conocer cómo desarrolla el cruce entre Büchner, la ciudad y el fuego, que es lo que el discurso parece tener como núcleo.
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