Cronimet, el gigante del reciclaje de acero inoxidable, atascado por el Rin y los trenes
La empresa alemana de Karlsruhe, que se presenta como el mayor comerciante mundial de chatarra de acero inoxidable, enfrenta bajas del río y fallas ferroviarias. Su dueño, un trabajador social de formación, no piensa abandonar el negocio.

Las pilas de chatarra en el puerto del Rin de Karlsruhe hace tiempo que no estaban tan altas. No es hierro común: es acero inoxidable, brillante, sin óxido y caro. Pero Jürgen Pilarsky, gerente y principal accionista de Cronimet, no lo celebra: vive del comercio, y sus clientes, las acerías, esperan el material triturado y clasificado para fundirlo de nuevo.
Un río bajo y un tren que no alcanza
El Rin no sirve hoy como vía de transporte por el nivel bajo del agua, y el ferrocarril, la principal arteria del comercio mundial de chatarra, no da abasto. Pilarsky lo calificó de "drama". Según dijo, aun con el río en nivel normal DB Cargo no logra entregar a tiempo los vagones vacíos que se le piden: faltan vagones, locomotoras, franjas horarias y personal. Las acerías necesitan entregas puntuales al día. "Hasta que están listos los vagones prometidos pasan hoy semanas", afirmó.
Una empresa familiar de alcance global
Cronimet fue fundada en 1980 por Günter Pilarsky, padre del actual gerente. Se define como el mayor comerciante de chatarra de acero inoxidable del mundo. En 2025 facturó casi 2.400 millones de euros, con un resultado operativo de 33 millones de euros, 70 sedes en 30 países y 1.700 empleados.
El negocio consiste en recolectar y triturar el material, pero sobre todo en el blending: clasificarlo por aleaciones, porque cada cliente necesita una distinta. Entra de todo: plantas industriales en desuso, aviones enteros, restos de fabricación de piletas de cocina, cubiertos de hospitales y prótesis de cadera de crematorios.
Diversificación y presión sobre el negocio central
Además del acero inoxidable, que aporta la mayor parte de los ingresos, la empresa recicla metales duros y titanio y produce aleaciones propias. En Bitterfeld construye con el grupo chino CNGR una planta de reciclaje de residuos de baterías. Pilarsky también contó que, para el fondo de materias primas del gobierno alemán, busca nuevas vías de suministro de tungsteno: con contactos en Australia desarrolló un método para extraerlo de los residuos de minas.
El negocio central está bajo presión. En América y Europa, donde obtiene la mayor parte de sus ventas, el mercado no crece. En China sí, pero la empresa frenó su ingreso. "En China nos llevamos un golpe", dijo Pilarsky, y explicó que con las normas alemanas de cumplimiento no se puede operar allí. En Europa, las acerías además sufren los altos precios de la energía; los gobiernos las protegen con aranceles y compensaciones por costos climáticos, algo cuya eficacia a largo plazo es discutida. Pilarsky no planea dejar el reciclaje de inoxidable.
Del trabajo social a la gerencia
Pilarsky, de 66 años, estudió y ejerció como trabajador social. Conoció de cerca la firma de su padre a fines de los años ochenta, cuando por un proyecto social colocó a cinco personas en Cronimet; cuatro siguen en la empresa. Entró en la gerencia y en 2021 compró las partes de sus hermanos, con lo que quedó con el 51% de las acciones. Su padre, de 88 años, conserva el 49% y todavía pasa por la empresa.
Sobre dirigir 1.700 empleados sin formación en administración, dijo que no es un problema: las finanzas las llevan sus colegas y, para el resto, la formación de trabajador social "es mejor que cualquier seminario de gestión".
La compañía operó durante años una mina de cobre y molibdeno en Armenia, con 3.000 empleados, y Günter Pilarsky fue cónsul honorario. Las minas se vendieron hace seis años: ese negocio exige "bolsillos profundos", según el actual gerente. Él evita la exposición pública que cultivaba su padre, que fue también financista y vicepresidente del club KSC.
Una lectura
El caso muestra cómo un negocio ligado a la economía circular depende de la logística: con material de sobra y clientes esperando, el cuello de botella es el transporte. A eso se suman un mercado europeo estancado y un acceso a China que la empresa descartó. Queda abierto si la apuesta por baterías y tungsteno compensará ese freno, y si el sistema ferroviario alemán mejorará lo suficiente para sostener la cadena.
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