Eswatini, último aliado de Taiwán en África, soporta la presión de China
Pekín endureció el trato al pequeño reino con una advertencia de viaje, trabas para visas e insultos, mientras la monarquía mantiene el vínculo con Taipéi que sostiene desde 1968.
Eswatini, un reino de 1,2 millones de habitantes entre Sudáfrica y Mozambique, es el único país de África que reconoce diplomáticamente a Taiwán. China, que reclama la isla democrática como parte de su territorio y exige a quienes quieren relaciones con Pekín que rompan con Taipéi, aumentó la presión sobre el país en los últimos meses.
Una advertencia de viaje y un viaje presidencial
A fines de agosto, Pekín desaconsejó a sus ciudadanos viajar a Eswatini y pidió a los que viven allí que se vayan cuanto antes. Alegó riesgos de seguridad y ciberdelincuencia. El gobierno de Eswatini respondió que un operativo policial contra una presunta red de cibercrimen organizado, en la que participaron sobre todo ciudadanos chinos, demostraba el trabajo de las fuerzas de seguridad y no un peligro general. El especialista sudafricano en relaciones China-África Cobus van Staden lo interpreta como una señal política: "Creo que, en general, esto simplemente envía un mensaje". Considera posible que también busque disuadir a otros Estados de acercarse a Taiwán.
En abril, el presidente taiwanés Lai Ching-te vio cómo Seychelles, Mauricio y Madagascar retiraban de forma repentina los permisos de sobrevuelo, y debió postergar su visita. A principios de mayo llegó igual, en un avión del rey Mswati III, y su presencia se conoció recién con el arribo. China reaccionó con insultos y acusó a políticos de Eswatini de estar mantenidos por Taiwán.
Un vínculo que pasa por el palacio
Eswatini, entonces Suazilandia, mantiene relaciones con Taiwán desde su independencia, en 1968. Burkina Faso rompió con Taipéi en 2018, y desde entonces el país está solo en el continente, con lo que renuncia a las grandes inversiones y créditos chinos. Es conocido que la familia real se atiende médicamente en Taiwán de manera preferencial.
Van Staden sostiene que esa conexión personal es la clave: "La conexión personal de la familia real es la clave de esta relación, más que cualquier planificación nacional". Según él, otros países africanos se inclinaron por China por las mayores posibilidades de inversión, ya que Taiwán es mucho más chico y tiene menos dinero y empresas.
Ayuda visible, costos cotidianos
Taiwán ofrece programas de desarrollo en fruticultura, cría de animales, salud, formación profesional y apoyo a pequeñas empresas. Mars Shiue, jefe de la misión taiwanesa, admitió que asegurar el lazo diplomático es "definitivamente una de las razones". Cada año se entregan a agricultores entre 40.000 y 60.000 plantines de frutilla, con envases que dicen "Supported by TaiwanICDF". La FAO, en cambio, omite a Taiwán en sus informes anuales sobre proyectos conjuntos; China es uno de sus mayores donantes.
Los efectos llegan a la gente. Sihle Tsabedze, empresaria de moda que participa en un seminario de TaiwanICDF sobre plan de negocios y contabilidad, contó que este año no obtuvo visa para China, adonde el año anterior había viajado a elegir mercadería. Ahora importa más ropa de Turquía y Tailandia.
Críticas internas y polémicas
El activista opositor Wandile Dludlu, de Mbabane, critica la fidelidad a Taiwán. La atribuye en parte a presiones de Estados Unidos y afirma que el país nunca construyó una economía que le diera independencia. Cita como ejemplo la deportación a Eswatini de unos 30 migrantes desde EE.UU. a una cárcel de máxima seguridad. Cree que la inversión china ofrecería más posibilidades de desarrollo.
La reputación de Taiwán también se resintió por el caso del exembajador Jeremy Liang. El medio opositor Swaziland News informó en julio que fue retirado antes de tiempo por denuncias de corrupción en un proyecto de reserva de petróleo. Eso no está confirmado, y la embajada rechazó una entrevista. La cancillería taiwanesa había desmentido en abril las acusaciones por infundadas, y también negó informes de que Liang influyó en la destitución del primer ministro.
Una lectura
El caso muestra a un país cuya política exterior depende más de la voluntad de la monarquía que de un debate nacional, mientras los costos recaen en ciudadanos como Tsabedze. Queda abierto cuánto resistirá ese esquema si Pekín sigue subiendo la presión, y si otros países de la región seguirán cediendo a ella, como ocurrió con los permisos de sobrevuelo.
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