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Lunes 26 de octubre de 2026

Europa avanza lento en una alternativa a Starlink, pese a la urgencia

Tras la reducción del servicio satelital a las fuerzas ucranianas, el proyecto europeo IRIS² sigue demorado, es más caro y carece de capacidad de lanzamiento propia.

Redacción

· 2 min de lectura

Europa avanza lento en una alternativa a Starlink, pese a la urgencia
Imagen · Financial Times

Starlink, la empresa de Elon Musk, redujo el servicio satelital que brindaba al ejército de Ucrania en un momento crítico de la guerra con Rusia. Según el análisis del Financial Times, el episodio no debería haber sorprendido: ya lo había hecho en 2023, cuando Kyiv intentó recuperar Crimea, y según distintos reportes la conectividad se usó desde entonces como moneda de cambio por negociadores estadounidenses interesados en las materias primas ucranianas.

Un cuello de botella difícil de esquivar

El caso ilustra la politización de la "infraestructura" de la economía global: quien controla un punto de paso, físico o virtual, puede explotarlo. Aunque lo de Ucrania es una operación militar, en juego están tanto el servicio de banda ancha satelital como el sistema militar Starshield, de modo que la aplicación a transacciones económicas resulta evidente.

La salida obvia es diversificar, pero no siempre es igual de fácil. Subir la producción de materias primas básicas como el litio suele ser relativamente sencillo, con excepciones como las tierras raras, por su compleja cadena de procesamiento. Tender cables de fibra óptica duplicados también es más barato y menos complejo de lo que parece.

IRIS², un proyecto frenado

La Unión Europea tiene desde hace un par de años la señal de que necesita una alternativa, pero desarrollarla no depende solo de la voluntad. El proyecto IRIS² estuvo demorado años por disputas entre Francia y Alemania sobre quién pagaba qué. Aun después de que la guerra lo impulsara, arrastra desventajas frente a Starlink: su tecnología es mucho más cara, no cuenta con capacidad de lanzamiento para poner satélites en órbita y está repartido entre distintas empresas y países.

La Comisión Europea evalúa cambios regulatorios para acelerar el desarrollo, pero la posibilidad de un competidor serio en el corto plazo parece remota.

Una lectura

Musk parece consciente del riesgo de jugar demasiado fuerte la carta geopolítica, o de ceder a los pedidos del presidente Donald Trump en ese sentido, entre ellos la hostilidad de un Congreso que podría pasar a manos demócratas en pocos meses. Para Europa, el episodio muestra que declararse actor geopolítico en comunicados no alcanza: el resultado dependerá del detalle y del costo de proyectos como una constelación satelital propia. Queda por ver si los cambios regulatorios y el reparto industrial logran destrabar IRIS² antes de la próxima crisis.

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