"Mi sono svegliata arrabbiata": una estudiante italiana explica la furia de su generación
En una columna publicada en Il Fatto Quotidiano, la estudiante Vittoria Spisa enumera precariedad laboral, clima, guerras y recortes en salud como las causas de un enojo juvenil que, sostiene, muchos adultos no comprenden.

Vittoria Spisa, estudiante, publicó el 26 de octubre de 2026 en Il Fatto Quotidiano un texto de opinión que arranca con una frase: "Me desperté enojada", como tantos jóvenes. Propone a los lectores adultos un ejercicio de imaginación: recordar su juventud, cuando el futuro parecía lleno de esperanzas, y ponerse en el lugar de quien es joven hoy.
Estudio y trabajo
Spisa sostiene que a su generación se le dijo que debía ser excepcional: estudiar muchos años para conseguir un empleo reconocido y bien pagado, y, si no aparece, irse al exterior. Señala que en Italia el derecho al estudio "es para pocos" y que algunos compañeros deben abandonar para trabajar.
Describe después un mercado laboral de pasantías no remuneradas o mal pagas, contratos por debajo del salario mínimo, jornadas de 12 horas sin normas de seguridad y multinacionales que cierran y trasladan la sede a otro país para pagar menos. Menciona las muertes en obras en construcción: según escribe, ocurren "tres veces al día", y atribuye algunas a empresas contratistas que ahorran en seguridad. También plantea el caso de las madres a las que las empresas consideran insostenibles, y la expectativa de que los padres solo cuiden a los hijos cuando se jubilen.
Impuestos, clima y protesta
La autora contrapone las exigencias a los jóvenes con lo que, a su juicio, se tolera a los poderosos: se les pide pagar impuestos y reciclar, mientras se deja de lado a los evasores, a los políticos que cobran 10.000 euros brutos mensuales, a los superricos con jets privados y a las multinacionales contaminantes.
Sobre la protesta, afirma que las manifestaciones pacíficas, como las del sur de Italia contra el costo de vida, no interesan, y que si se imita el ejemplo de Francia se acusa de violentos a los manifestantes. Sostiene que es más fácil explotar la rabia que preguntarse su origen.
Guerra y salud
Spisa recuerda que la Constitución italiana repudia la guerra y critica lo que ve como resignación ante los conflictos: menciona a Israel y los palestinos, a Estados Unidos e Irán, y a Ucrania y Rusia. Sobre la salud, afirma que el Estado recorta fondos y empuja a la privatización, y ejemplifica con las esperas de dos años en el sistema público. Acusa además a los medios de distraer la atención con otros temas, como el caso Garlasco o la "familia del bosque".
Una lectura
El texto cierra con una acusación a las generaciones mayores: les dicen a los jóvenes que experimenten "pero como decimos nosotros", les piden no reclamar y les señalan como enemigos al extranjero, al desocupado o al joven que rompe vidrieras. "No miren hacia arriba", escribe: "la guerra es linda solo entre pobres".
Se trata de una postura personal, sin datos propios más allá de los que cita, y su valor está en mostrar cómo una joven articula un malestar generacional que une economía, clima y política internacional. Queda abierto cuánto de esa percepción se traduce en participación política concreta, y cómo responderán las instituciones a un reclamo que mezcla agravios materiales con cuestionamientos morales.
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