Francia se prepara para otro fin de semana de protestas tras los saqueos
El gobierno despliega policías, reservistas y militares ante nuevos disturbios. La crisis de seguridad, el malestar social y la campaña presidencial se mezclan seis meses antes de las elecciones.

Francia se prepara para un nuevo fin de semana de protestas. El ministro del Interior prometió un gran despliegue policial en todo el país, con apoyo del Ejército, y los reservistas de la policía fueron puestos en alerta. La razón es el impacto de los saqueos, incendios y destrozos del fin de semana anterior.
Un Estado que no llegó a tiempo
En barrios comerciales de Marsella, Burdeos y París, dueños y empleados quedaron a merced de los saqueadores durante horas, hasta que llegó una policía desbordada. Según el relato, los 750 agentes municipales de París recibieron la orden del alcalde socialista, Emmanuel Grégoire, de no exponerse y mantenerse lejos de las manifestaciones.
"Fracasamos sin ninguna duda ese fin de semana", admitió por radio el ministro de Justicia, Gérald Darmanin. Más de 600 policías resultaron heridos. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, presentó su renuncia, pero debió seguir en el cargo por pedido del presidente Emmanuel Macron. Ambas cámaras del Parlamento crearon comisiones investigadoras sobre la falla policial.
Cientos de saqueadores y revoltosos ya fueron condenados en juicios abreviados. Según Darmanin, el 90% de los acusados son hombres y el 70% son mayores de 18 años. Distinguió dos grupos: uno del entorno de la ultraizquierda y otro de los suburbios.
La desconfianza llevó a comerciantes a organizarse para defenderse, y vendedores de armas de defensa personal reportaron un salto en los pedidos. Darmanin advirtió contra la "justicia por mano propia". En una nota de la radio France Inter, jóvenes de la periferia contaron que planeaban volver a la capital este fin de semana: "Vimos gente que rompía todo y nos sumamos", dijo uno. Agregó: "Aprovechamos el momento".
Malestar social y reclamos cruzados
El primer ministro, Sébastien Lecornu, acusó en la Asamblea Nacional a La France insoumise (LFI) de aliarse con activistas de ultraizquierda para desestabilizar el país. Jean-Luc Mélenchon, candidato presidencial de esa fuerza, llamó a conquistar el poder de forma revolucionaria y dijo: "Hay que convertir todo en conflicto". Rechazó haber provocado la violencia.
Detrás de las protestas hay una acumulación de reclamos: costo de vida, combustibles caros y congelamiento salarial en el sector público, que reavivaron el movimiento de los chalecos amarillos. A eso se suman los estudiantes secundarios, que desde hace un mes bloquean y marchan contra la falta de docentes. La central CGT, tras una reunión de dos horas y media con Lecornu, convocó a una huelga general para el 5 de noviembre, a la que se sumó la CFDT. Su líder, Sophie Binet, dijo que el primer ministro no ofreció "ninguna medida". Marylise Léon, de la CFDT, sostuvo que el gobierno no encuentra respuesta a la ira.
El Ejecutivo, una minoría de centroderecha, tiene poco margen fiscal: el pago de intereses de la deuda es hoy la mayor partida del presupuesto, por encima de educación y defensa. No está claro si Lecornu conseguirá mayoría para el próximo presupuesto.
La campaña presidencial
Macron no puede volver a presentarse en 2027. Tras su mensaje televisado, en el que dijo que sentía "rabia y vergüenza", el exprimer ministro Édouard Philippe le reclamó decisiones para restablecer el orden. Philippe, que en abril parecía capaz de vencer a Marine Le Pen en la segunda vuelta del 2 de mayo de 2027, perdió buena parte de su ventaja en las encuestas. El exministro de Economía Bruno Le Maire pidió una legislación de excepción para castigar de inmediato a los violentos.
Macron viajó a Medio Oriente y, desde Arabia Saudita, criticó a mandatarios extranjeros que "adoptan, a veces con ingenuidad, lo que les presenta la inteligencia artificial". Confirmó que se refería a Donald Trump, que en un acto en Kansas dijo que Francia era "conquistada, saqueada y quemada por inmigrantes, yihadistas y comunistas".
Según el politólogo Frédéric Dabi, del instituto Ifop, el final de la era Macron es "particularmente brutal e inestable". Le Pen aparece como garante del orden y abrirá su campaña este domingo en el congreso de su partido en Orléans. Activistas de izquierda y ecologistas anunciaron protestas y un "pueblo antifascista"; el alcalde, Serge Grouard, teme daños en el casco histórico. Según Fox News, el Departamento de Estado de EE.UU. alertó a París sobre posibles manifestaciones más confrontativas.
Una lectura
La crisis combina un problema de seguridad inmediato con otro de legitimidad. El gobierno no logró contener la violencia ni ofrecer respuestas económicas, y la oposición lo capitaliza: Le Pen sin esfuerzo y Mélenchon con la movilización. Queda abierto si el despliegue de este fin de semana y la huelga del 5 de noviembre descomprimen el clima o lo agravan, y si el Parlamento puede aprobar un presupuesto en medio de la fragmentación.