"La mayor esperanza" de Aichinger llega al Akademietheater de Viena con resultados dispares
Therese Willstedt adaptó y dirigió la única novela de Ilse Aichinger, con elenco doble de adultos y niños. Para la crítica de la FAZ, el intento no fracasa del todo, pero tampoco se logra por completo.

El Akademietheater de Viena estrenó una versión teatral de "Die größere Hoffnung" ("La mayor esperanza"), la única novela de la escritora austríaca Ilse Aichinger, en adaptación y dirección de Therese Willstedt, con dramaturgia de Jeroen Versteele. Según la crítica del diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, el resultado es irregular.
Una novela difícil de llevar a escena
El libro apareció en 1948 en Ámsterdam, en la editorial Bermann-Fischer. Está compuesto por diez capítulos sin numerar y se basa en vivencias propias de Aichinger y de amigos durante los años en que Austria formó parte del Tercer Reich. El escritor y crítico teatral Hans Weigel (1908-1991) lo llamó "la hora del nacimiento de la literatura austríaca de posguerra".
Aichinger tenía 16 años en el Anschluss (la anexión), en marzo de 1938, y fue considerada "medio judía" según las leyes raciales, porque su madre, médica, provenía de una familia judía. La novela trata de persecución, deportaciones y las consecuencias de las leyes de Núremberg, centrada sobre todo en el destino de niños.
No es la primera adaptación. En 2011 estudiantes montaron "Verschüttet oder Wer ist Ellen?" en el Theater Akzent de Viena. A fines de 2023, Sara Ostertag y Julia Engelmayer presentaron en el Landestheater Niederösterreich una versión escénica de una adaptación radiofónica. En febrero de este año, Salome Schneebeli dirigió en el Staatstheater de Núremberg el estreno alemán de otra versión.
Adultos y niños en los mismos papeles
Willstedt, que en los últimos tres años dirigió varias veces en los teatros del Burgtheater, el último un año atrás con "Auslöschung. Ein Zerfall", según Thomas Bernhard, eligió duplicar los papeles. Cuatro actrices (Sabine Haupt, Maresi Riegner, Nina Siewert e Ines Marie Westernströer), cuatro actores (Hans-Dieter Knebel, Jörg Ratjen, Enes Şahin, recién incorporado al Burg, e Itay Tiran) y niños figurantes interpretan en unos noventa minutos a chicos y a algunos adultos, como la abuela de la protagonista, Ellen. A veces los pequeños repiten los textos de sus dddobles adultos.
Ellen la encarnan Nina Siewert y Paloma Diego, que piden a un cónsul de un país nunca nombrado, al otro lado del mar, un visado para viajar en barco. El crítico juzga que el recurso funciona muy bien, aunque considera a Ratjen, como cónsul, algo poco diplomático.
Risas fuera de lugar
La crítica señala que algunas escenas necesitaban ajustes. Hubo risas breves en el público durante una obra tan trágica, algo que el crítico considera un error evidente, y a veces Siewert compone a Ellen casi demasiado alegre.
Elogia en cambio la escenografía y la luz de Mårten K. Axelsson, de frialdad apropiada. Las sombras del elenco sobre columnas de piedra, finas como fantasmas, resultan casi inquietantes. Casi no hay utilería, salvo un piano que pronto se destruye y algunas sillas. En la escena del cementerio, donde los chicos que no tienen "comprobantes" y se burlan de sí mismos como "mestizos" y "extraños" juegan a las escondidas porque ya no pueden jugar en ningún otro lugar al aire libre, no hacen falta lápidas para entender el horror. Nunca se dicen las palabras "certificado de arianidad" ni "estrella judía", ni hay años o lugares.
Una lectura
La sobriedad que evita nombrar datos históricos aparece como el mayor acierto de la puesta, mientras que el tono, por momentos demasiado ligero, es su punto débil. El crítico concluye que el intento no fracasó del todo pero tampoco se logró, y que quizá sería más conmovedor leer el original. La acumulación de versiones en pocos años muestra el interés por el texto; queda abierta la pregunta de qué aporta la escena que no esté ya en la novela.
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