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Sábado 24 de octubre de 2026

"La noire de...", el debut de Sembène que sigue incomodando

En su primer largometraje, de 1966, el director senegalés Ousmane Sembène cuenta el calvario de una empleada doméstica en Francia sin bajar línea moral. Un análisis del film destaca cómo juega con lo que no se dice.

Redacción

· 3 min de lectura

"La noire de...", el debut de Sembène que sigue incomodando
Imagen · Frankfurter Allgemeine

En 1966, el director senegalés Ousmane Sembène presentó "La noire de..." (en alemán, "Die Schwarze aus Dakar"), su primer largometraje. La película sigue a Diouana, una joven senegalesa que viaja a Francia como empleada doméstica y termina suicidándose. Un análisis publicado ahora en el diario alemán Frankfurter Allgemeine la ubica entre los clásicos del cine.

Una noticia policial como punto de partida

El film arranca con un zoom a la sección de sucesos de un diario francés: una breve nota sobre la muerte de una joven de Dakar que trabajaba para "coloniaux" franceses. Antes, la imagen de Diouana inmóvil en una bañera, con manchas de sangre en el borde. Después de un corte seco, aparecen bañistas y niños en una playa soleada.

Ese contraste genera un malestar deliberado: entre la crudeza del suicidio y la despreocupación de la playa se abre una brecha que obliga a mirar. Según la investigadora en comunicación Sylvie Thiéblemont-Dollet, Sembène se inspiró en una noticia del diario "Nice-Matin" de 1958 y construyó una película muy política y simbólica.

De la ilusión al encierro

Diouana busca trabajo en Dakar y una mujer francesa la elige en la calle para cuidar a sus hijos. Entusiasmada por el acceso a la moda y a la movilidad, ve en la mudanza a Antibes con sus empleadores la realización de un sueño. Allí todo cambia. "Mi vida transcurre entre el baño, la cocina y mi cuarto", dice su voz en un monólogo interior, y también: "Aquí soy una prisionera".

Entra en una depresión y llora en repetidas ocasiones, incluso cuando confronta a sus empleadores. El análisis describe una situación de explotación física, trabajo no remunerado y maltrato verbal y emocional por parte de "Madame", que en el film no tiene nombre, agravada por el aislamiento respecto de su familia.

Un suicidio con varias lecturas

Para el autor del texto, el suicidio es a la vez una capitulación trágica y una última afirmación de autodeterminación. Su voz se apaga, pero su cuerpo sigue visible. La imagen en el agua puede leerse como alegoría de un cuerpo que cruzó el Atlántico; con la metáfora del Black Atlantic (Atlántico negro) de Paul Gilroy, la existencia de Diouana sería la de un "entre-medio", una negociación permanente de identidad entre culturas y sin hogar.

La fotografía en blanco y negro subraya los contrastes: vestidos blancos con lunares negros, la bañera blanca, el barco blanco donde ella se destaca. Pese a esa metáfora clara, Sembène evita la moraleja y juega con omisiones y sobreentendidos.

El título original conserva una ambigüedad que se pierde en las versiones inglesa ("Black Girl") y alemana: lo que sigue a la preposición de puede indicar origen ("de Dakar") o posesión ("de alguien").

Una maldición final

El desenlace reúne esas capas. Un niño con la máscara senegalesa de Diouana, que ella trajo de su tierra y que colgaba en el departamento como una advertencia, sigue en silencio al antiguo empleador, que lo percibe como una aparición. Funciona como acusación: la pareja burguesa blanca sigue viva, y la empleada que aspiraba a su estilo de vida se quitó la vida.

Una lectura

Sembène es considerado el padre del "cine africano" y más tarde decidió filmar en wolof, pensando en el público africano residente en Europa. Que una película de hace casi sesenta años siga leyéndose en clave de migración, trabajo doméstico y herencia colonial indica cuánto de esas preguntas permanece abierto. Su fuerza, según este análisis, está menos en la denuncia explícita que en lo que deja sin decir.

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