Saltar al contenido

Lunes 26 de octubre de 2026

Lula fue reelecto por cuarta vez y Cuba respira, aunque no fue su prioridad

La victoria del líder del PT frena, por ahora, el avance de la "doctrina Donroe" en la región. En La Habana la noticia se celebró, pese a que Lula hizo poco por la isla.

Redacción

· 2 min de lectura

Lula fue reelecto por cuarta vez y Cuba respira, aunque no fue su prioridad
Imagen · Il Manifesto

El domingo a las 20.30, el noticiero cubano cerraba su edición con reportajes pensados para levantar el ánimo: una empresa privada que donó paneles solares a un hospital de Santiago de Cuba, donde las urgencias se atendían a la luz de las linternas de los celulares, y el funcionamiento, pese al bloqueo de Estados Unidos, de una escuela para niños con discapacidad en Holguín. Antes del final, el presentador dejó escapar una sonrisa: "Les informamos que Lula ganó y fue reelecto por cuarta vez presidente de Brasil".

Para el autor de la crónica en Il Manifesto, Cuba pudo quitarse, aunque sea de manera momentánea, el cerrojo que le pusieron Donald Trump y su halcón Marco Rubio. Según esa lectura, el triunfo de Lula frena la llamada "doctrina Donroe", con la que el presidente estadounidense pretende someter al subcontinente al dominio del movimiento Maga.

Poca ayuda concreta a la isla

Durante su tercer mandato, Lula no se desvivió por Cuba. Hubo solidaridad política, también dentro de los Brics+, pero no envió petroleros ni aviones con ayuda. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, intentó mandar petróleo y usó aviones militares para llevar asistencia a la población y al gobierno "hermano", pero debió detenerse cuando Trump la presionó.

Tampoco en la campaña reciente Lula tocó el tema cubano. Estaba en juego el control de Brasil: la ultraderecha y las iglesias pentecostales advertían a coro que el país no debía correr la suerte de la isla asediada. El objetivo era seguir en el Palacio del Planalto e impedir que Brasil fuera el décimo Estado latinoamericano en manos de una ultraderecha sumisa a Trump.

Un pragmatismo de larga data

Desde su primera presidencia, en 2003, Lula identificó dónde concentrar la acción y qué límites respetar hasta tener fuerza para superarlos. Un ex obrero y sindicalista al frente de un país donde derechas y militares habían dictado la ley provocó alarma, pero estimuló a la parte del capital y las empresas nacionales de tinte desarrollista. Mientras sus políticas sociales reducían drásticamente la pobreza, fueron años de bonanza.

Ese realismo se repitió en 2022, cuando derrotó a Jair Bolsonaro, padre de Flávio, con Geraldo Alckmin como compañero de fórmula, un dirigente que, según la crónica, "de izquierda no tenía ni el color de la corbata". Debía ser el dique frente al poder del Centrão, la alianza de derechas extractivistas que domina la política brasileña. El Partido de los Trabajadores, fundado por Lula, había perdido arraigo social y obrero, algo que mostró la victoria de Bolsonaro en 2018, con Lula inhabilitado por el uso político de la justicia.

Alckmin siguió como candidato a la vicepresidencia y, la noche del triunfo, Lula le cedió la palabra primero ante la multitud. Según el cronista, no fue cortesía sino una señal política dirigida al capital y los empresarios nacionales.

Lectura

La reelección se entiende en dos planos: el alivio simbólico para una Cuba en plena crisis energética y la continuidad de una estrategia de alianzas amplias en Brasil. Queda abierto cuánto se traducirá el triunfo en apoyo material a La Habana, algo que Lula no mostró en su mandato anterior, y cómo reaccionará Washington.

Archivada en

Fuente de esta nota