Lula ganó el balotaje y gobernará con un Congreso opositor y poco margen fiscal
El triunfo se apoyó en el Nordeste y en Minas Gerais, mientras Flávio Bolsonaro retuvo el Sur y las grandes ciudades. El cuarto mandato arranca en enero con déficit del 9,48% del PIB y un Parlamento dominado por el PL.

Luiz Inácio Lula da Silva ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, con una diferencia estrecha, y aseguró su cuarto mandato, que comenzará en enero. La victoria, que se describe como una remontada, deja sin embargo dudas sobre la gobernabilidad.
Más votantes, un país partido
Tras un ausentismo del 21,08% en la primera vuelta, la participación en el balotaje subió casi dos puntos porcentuales y llegó al 80,80%. Se trató de unos 3 millones de votantes más, un flujo que resultó determinante para inclinar la balanza.
Lula basó su triunfo en el Nordeste. En estados como Bahía, Pernambuco y Ceará mantuvo márgenes superiores al 65% y logró los mayores aumentos respecto de la primera vuelta. A eso sumó un buen desempeño en Minas Gerais, estado históricamente considerado un termómetro del voto brasileño.
Flávio Bolsonaro, por su parte, conservó sus bastiones en el Sur y el Centro-Oeste, y en las grandes urbes de São Paulo y Río de Janeiro. Aumentó su caudal absoluto al captar votos de terceras fuerzas, pero no alcanzó para compensar el crecimiento de Lula en el Nordeste. El electorado joven, en especial entre los 16 y los 40 años, dejó de ser un bloque homogéneo de izquierda y fue uno de los terrenos más disputados.
Un Congreso adverso
El Partido Liberal (PL), conducido políticamente por Valdemar Costa Neto, consiguió 121 bancas en Diputados, por encima del techo histórico de cien escaños para un solo partido. En el Senado obtuvo 28 escaños, exactamente un tercio de la Cámara Alta. Según el análisis, es una hegemonía legislativa sin precedentes desde 1998. Lula asumirá con un Congreso fuertemente opositor y de centroderecha.
Restricciones fiscales y tensión institucional
Antes del balotaje, Lula lanzó un paquete de medidas para revertir los resultados de la primera vuelta. Su costo fiscal se estima en 300.000 millones de dólares, en un contexto de déficit nominal del 9,48% del PIB y deuda del 82,9% del PIB.
La jornada también tuvo tensiones: una orden judicial extendió dos horas el cierre en varios centros de votación, a minutos del horario original, lo que generó confusión y críticas cruzadas. Aunque el escrutinio favoreció a Lula, el episodio puede alimentar la sospecha y la impugnación en sectores opositores.
Una lectura
Lula llega al poder con una victoria sólida en votos pero con herramientas limitadas: un Parlamento que puede frenar su agenda y cuentas públicas que ponen en duda las promesas de campaña. Queda abierto si podrá cumplirlas o deberá recurrir a un ajuste. Para la Argentina de Milei, su continuidad profundiza el contrapunto ideológico en la relación bilateral, aunque el Congreso brasileño aparece como el principal límite a las ambiciones del Planalto.
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