murió Josef Duchac, primer jefe de gobierno de Turingia tras la reunificación
Tenía 88 años y murió el viernes pasado. Condujo el estado alemán durante un año y medio, en la etapa de transición posterior a la caída de la RDA.

Josef Duchac, el primer ministro-presidente de Turingia después de la reunificación alemana, murió a los 88 años. Según se informó, falleció el viernes pasado.
Estuvo poco tiempo en la primera línea de la política: unos dieciocho meses al frente del estado. Pero coincidió con un momento decisivo, cuando Turingia fue reconstituida como estado en la transición democrática de la República Democrática Alemana (RDA) y se incorporó a la República Federal.
De vocero regional a jefe de gobierno
Thomas de Maizière, el único jefe de gobierno de la RDA elegido en votaciones libres, lo designó primero vocero regional (Landessprecher). En octubre de 1990, Duchac encabezó la lista de la CDU como candidato principal y la llevó a la victoria con el 45,5% de los votos. Formó entonces una coalición de centroderecha con el FDP.
Su gestión estuvo marcada por la dolorosa "liquidación" de muchas empresas, herencia de la mala administración comunista. También incluyó, por ejemplo, la instalación de una planta de Opel.
La renuncia
En enero de 1992 renunció, desgastado por las acusaciones de "connivencia" con el régimen. Había trabajado como obrero en un combinado de caucho y llegó a ser ingeniero químico y economista. Católico, desde 1957 encontró su lugar en la CDU de bloque, el partido que funcionaba bajo el sistema de la RDA. Hasta donde se sabe, no espió a nadie.
Los cuestionamientos giraron en torno a sus actuaciones como humorista de carnaval en una institución cercana a la Stasi y a declaraciones antiguas a favor del Estado. Su partido no lo abandonó: le encontró ocupaciones en la Fundación Konrad Adenauer.
Una lectura
La trayectoria de Duchac condensa los dilemas de la primera hora posterior a 1990: dirigentes que habían vivido y hecho carrera dentro del sistema de la RDA debieron conducir la construcción institucional del nuevo estado, bajo un escrutinio sobre el pasado que terminó forzando su salida. Su caso muestra cuán difícil era trazar entonces la frontera entre la adaptación cotidiana y la responsabilidad política.
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