Tigré reabre la tensión entre Etiopía y Eritrea y amenaza con regionalizarse
La reanudación de los combates en Tigré y la ruptura diplomática entre Addis Abeba y Asmara alimentan el temor a una guerra abierta con ramificaciones hasta Medio Oriente.

La región etíope de Tigré sigue en tensión. El viernes, la administración provisoria de la región, instalada con respaldo del gobierno federal de Addis Abeba, les exigió a los rebeldes que depongan las armas. Poco antes, un comandante insurgente, el teniente general Fisseha Kidanu, había proclamado de hecho la resistencia a ultranza: «Las milicias locales en toda la región, junto con todos los voluntarios que se sumen a la resistencia, deberán enfrentar al enemigo».
A comienzos de octubre, los rebeldes debieron retirarse de Mekele, la capital tigrina, reconquistada por las fuerzas gubernamentales y milicias aliadas. Después, el gobierno etíope creó una administración provisoria que debería permanecer seis meses. Según Al Jazeera, en los últimos días vecinos de Mekele denunciaron un ataque con drones que habría matado al menos a cuatro personas; las circunstancias y los responsables no fueron verificados de forma independiente. El acuerdo de Pretoria, que en 2022 puso fin a la guerra entre el gobierno etíope y las fuerzas de Tigré, aparece gravemente deteriorado.
Una relación en ruptura
Las relaciones entre Addis Abeba y Asmara están muy tensas. Etiopía acusa a Eritrea de apoyar a los rebeldes tigrinos y sostiene que soldados eritreos cruzaron a su territorio, algo que Eritrea rechaza. El gobierno eritreo, a su vez, acusa al etíope de querer acceder al Mar Rojo en detrimento de su soberanía.
A comienzos de octubre los dos países cortaron relaciones diplomáticas: Etiopía cerró su embajada en Asmara y expulsó a diez diplomáticos eritreos. Esa ruptura, sumada a los combates, alimenta el temor de que la crisis interna etíope derive en un conflicto directo entre ambos Estados.
A mediados de mes, Estados Unidos intentó favorecer una desescalada. Pero Addis Abeba no vio con buenos ojos que la administración de Donald Trump levantara en septiembre las sanciones, vigentes desde 2021, contra el partido gobernante y las fuerzas armadas de Eritrea, impuestas por el papel de Asmara en la guerra anterior de Tigré. Washington presentó la medida como parte de una estrategia para proteger sus intereses en el Mar Rojo.
Alianzas y Mar Rojo
Egipto y Sudán comparten con Eritrea diferencias con Etiopía, sobre todo por las ambiciones etíopes sobre el Nilo y la seguridad regional. Etiopía los acusó de apoyar a fuerzas hostiles al gobierno federal, pero El Cairo y Jartum rechazaron las acusaciones. Eritrea cuenta además con vínculos con Somalia y con una relación con Arabia Saudita que se inscribe en la competencia por los equilibrios del Mar Rojo.
Etiopía tiene el respaldo de Emiratos Árabes Unidos, que expresaron públicamente su solidaridad con el gobierno federal, y mantiene relaciones con Israel. Los alineamientos no son bloques rígidos: los intereses pueden variar según el tema y la evolución de la crisis.
Lectura
Un choque abierto entre Etiopía y Eritrea podría afectar no solo al noreste de África sino también a Medio Oriente, y cruzarse con las tensiones en la costa oriental del Mar Rojo y con la crisis yemení, donde los hutíes, apoyados por Irán, son un factor de inestabilidad para la seguridad marítima y el comercio. Queda abierto si la administración provisoria logra desarmar la insurgencia, si el ataque con drones en Mekele se esclarece y si la mediación estadounidense, cuestionada por Addis Abeba, tiene margen real. Conviene seguir de cerca los movimientos de Egipto, Sudán y los países del Golfo, cuyos intereses pueden reordenarse rápido.
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