Por qué los alemanes se critican tanto, según una columna del FAZ
Una columna del diario Frankfurter Allgemeine sugiere que el idioma alemán deja poco margen para la autocomplacencia en el trabajo, a diferencia de otras lenguas.

En la columna "Nine to five", dedicada a las curiosidades de la vida laboral, el diario alemán Frankfurter Allgemeine plantea que la tendencia de muchos alemanes a minimizar sus logros podría tener raíz, al menos en parte, en la propia lengua.
El autocrítico de oficina
El texto distingue entre quienes buscan siempre el lado malo de todo y los autocríticos, una versión más suave: ven con buenos ojos a los demás y a las circunstancias, pero despedazan sus propios trabajos. Según la columna, estas personas restan valor a lo que hacen antes de que alguien lo cuestione.
Un ejemplo: quien invita a los colegas con torta y fruta aclara que son productos comprados, porque no tuvo tiempo de hornear y las peras de su jardín todavía no maduraron. Y aun cuando su desempeño es sobresaliente, suele explicarlo con el refrán de que "hasta una gallina ciega encuentra un grano alguna vez".
Dos tontos, una idea
La columna apunta a una expresión muy difundida en alemán. Cuando dos colegas llegan a la misma solución en una reunión, lo más probable es que alguien diga "zwei Dumme, ein Gedanke": dos tontos, un pensamiento, sin importar cuán brillante sea la ocurrencia.
Otras lenguas son más benévolas. En español y en inglés se dice que "los grandes espíritus piensan igual"; en italiano, que esos espíritus piensan "de la misma manera". En sueco, danés, noruego y neerlandés, la fórmula es "dos almas, un pensamiento".
Una lectura
Se trata de una hipótesis planteada con tono de humor, no de un estudio: la columna dice que el idioma "podría" influir, sin aportar mediciones. Aun así, el contraste de las fórmulas es concreto, y la propuesta final es modesta: adoptar la versión escandinava y neerlandesa, que a los autocríticos más aplicados les ayudaría a ser un poco más amables consigo mismos.
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