Un lingüista propone boicotear la palabra "maranza" por su carga racista
En el cierre de la Semana de la lengua italiana en el mundo, una columna sostiene que el uso cotidiano define si una palabra discrimina. El término se volvió central en el debate público italiano.

Terminó la 26.ª edición de la Semana de la lengua italiana en el mundo, que se realizó del 16 al 25 de octubre de 2026. Estuvo dedicada a la creatividad del italiano y a su capacidad de dar forma a la realidad. En ese marco, un autor de opinión publicado en Il Fatto Quotidiano propone dejar de usar la palabra "maranza", que en los últimos días aparece con insistencia en el debate público.
Una palabra que cambió de sentido
Según el autor, "maranza" no es un neologismo. Su primera aparición documentada sería de hace casi cuarenta años, en la canción "La mia moto" (1988), de Jovanotti. Durante mucho tiempo designó a un joven que viste ropa de marca, en general falsificada, escucha trap y habla de manera algo vulgar.
La novedad, plantea, es la connotación racista. En tiempos recientes pasó a nombrar a un joven con background migratorio, sobre todo de origen norteafricano, que reúne esas características.
Sobre su origen, el autor recuerda que se piensa que deriva de "maranza", berenjena en varios dialectos del sur de Italia, con alusión al color oscuro de la piel. Pudo haber una superposición con "marakesch" o "marocco", que desde hace décadas se usan en la jerga juvenil como despectivo de "meridional". Aun si la palabra tuviera esa carga de origen, sostiene, es el uso vivo, y en estos días el que hace una determinada parte política, lo que la convierte en un insulto. Así la perciben los involucrados, según explicó Fouad Krarmi, joven turinés de veinte años y fundador del movimiento 2Gen.
El uso como acto político
El planteo parte de la idea de que la lengua existe en tanto se habla: son los hablantes quienes deciden su evolución. El autor la compara con el uso del femenino en profesiones y cargos, como "la sindaca Silvia Salis" o "la presidente del consiglio Giorgia Meloni". Aclara que no hace falta aplicarlo al hablar de la profesión en general, para evitar una "parálisis comunicativa", como explicaron ya en 2017 los autores de Quasi una rivoluzione, volumen de la Accademia della Crusca. La Semana tuvo como eje el libro Lingua gentile, lingua geniale, de la misma institución.
Boicotear "maranza", según la columna, sería un pequeño acto democrático y cívico al alcance de cualquier hablante. Además, ayudaría a reorientar la discusión hacia la escuela pública, el multilingüismo y el contacto entre lenguas como factores de cohesión, en un país ya plurilingüe.
Una lectura
La propuesta es una postura de su autor, no una posición de la Crusca. Su fuerza está en un hecho verificable: la palabra cambió de significado por el uso, no por su etimología. Queda abierto si un boicot individual puede revertir un término que ya circula en la política y los medios, y cómo responderán quienes lo usan. Habrá que seguir si el debate se traslada de la palabra a las políticas hacia los jóvenes hijos de migrantes.
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