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Lunes 26 de octubre de 2026

Un periodista cuestiona el proyecto italiano contra el antisemitismo por su definición de "semita"

En una columna de opinión, Pino Nicotri sostiene que el proyecto 1004, que adopta la definición de la IHRA, es inconstitucional y se apoya en un uso erróneo del término. El texto ya fue aprobado en el Senado italiano.

Redacción

· 2 min de lectura

Un periodista cuestiona el proyecto italiano contra el antisemitismo por su definición de "semita"
Imagen · Il Fatto Quotidiano

El periodista Pino Nicotri publicó en Il Fatto Quotidiano una columna en la que ataca el proyecto de ley 1004 "de lucha contra el antisemitismo", que ya aprobó el Senado de Italia y que el gobierno de Giorgia Meloni quiere convertir en ley. La iniciativa adopta la definición de antisemitismo de la IHRA (Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto). Según Nicotri, esa definición está vigente en Estados Unidos y en Alemania, pero sin carácter vinculante. Italia sería el primer país en volverla obligatoria.

El argumento sobre el término

La tesis central del autor es que "antisemitismo" designa, por una especie de sinécdoque, solo el odio a los judíos, cuando según la Biblia los semitas son los descendientes de Sem, hijo de Noé. Entre ellos estarían los árabes y los palestinos. Recuerda que el adjetivo "antisemita" lo acuñó en 1879 el periodista alemán Wilhelm Marr, y que "semítico" nació en 1781 como término lingüístico, antes de aplicarse a pueblos en 1787.

Nicotri agrega que los judíos ashkenazíes, que según las estadísticas que cita serían entre el 70% y el 80% de los judíos del mundo, descenderían de los jázaros, un pueblo convertido al judaísmo en el siglo VIII, y no de pueblos semitas. Cita en ese sentido a Arthur Koestler, Shlomo Sand y un ensayo de la profesora Maria Luisa Benigni Moscati. El propio autor admite que otros investigadores consideran esa teoría superada y desacreditada.

Las críticas al proyecto

Nicotri sostiene que la ley sería "una ley estafa" e inconstitucional, porque lesionaría la libertad de pensamiento y de expresión. Afirma que, de aprobarse, ya no podrían citarse organizaciones como B'Tselem ni voces críticas como Omer Bartov, Moni Ovadia o Gad Lerner, y que se castigaría con prisión criticar el sionismo. Esas consecuencias son su lectura del texto, no cláusulas que el artículo transcriba.

También critica a la izquierda y a los sectores propalestinos por, según él, no usar estos argumentos y haber adoptado el lenguaje de sus adversarios. Recomienda a los parlamentarios leer Storia dei sionismi, de Arturo Marzano, y estima que el camino para convertir el proyecto en ley está "allanado".

Una lectura

Se trata de una postura de opinión, con afirmaciones que otros historiadores discuten, en particular el origen jázaro de los ashkenazíes. Y el debate jurídico de fondo, es decir, qué conductas penaría concretamente el texto y cómo se compatibilizaría con la libertad de expresión, no se desarrolla con citas del articulado. Queda por ver cómo avanza el proyecto en la Cámara de Diputados y si sus críticos, dentro y fuera del Parlamento, plantean esas objeciones constitucionales.

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