Una escuela de Unna rediseñó sus baños con los propios alumnos
En Alemania muchos chicos evitan los baños escolares por su mal estado. La Hellweg-Realschule dejó que los estudiantes decidieran el cambio y ganó un concurso nacional.

En muchas escuelas alemanas, los baños son un lugar que los alumnos intentan evitar: faltan jabón y toallas, hay papel higiénico tirado en el piso y el olor a orina impregna el aire. La Hellweg-Realschule, en la ciudad de Unna, vivió esa situación, pero hoy es conocida por sus baños.
Un problema de infraestructura y de hábitos
Según el relato, el deterioro suele deberse a edificios construidos hace décadas y sin renovar, con poco dinero para repararlos: pintura descascarada, pintadas de generaciones anteriores, tapas rotas. Ese aspecto desalienta el cuidado, y a lo largo de la jornada el estado empeora con cada recreo.
En el verano de 2023, la organización German Toilet Organization pidió a estudiantes de Berlín que calificaran los sanitarios de su escuela. La mitad puso nota 5 o 6, es decir, insuficiente. Muchos dijeron que comían y bebían menos a propósito para no usarlos, algo que puede provocar estreñimiento y problemas de concentración.
Jayden, de 14 años, contó que antes entraba tenso y apurado. Según él, sobre todo los más chicos preferían aguantarse porque los baños les daban asco.
Cómo se hizo el cambio
La iniciativa partió del centro de estudiantes. Frida, también de 14 años, contó que lo resolvieron en una reunión y se lo plantearon a la directora, Sabine Terwort. Ella apoyó la idea, pero aclaró que la reforma solo sería adecuada si los alumnos identificaban los problemas y desarrollaban las soluciones.
Ese principio, llamado participación, es el que también recomienda la German Toilet Organization. El centro de estudiantes hizo una encuesta en todos los cursos. «Fue una lista larga, de empujones a olores y pintadas», dijo Jayden. Luego visitaron una escuela vecina de Münster, con baños mejores, para inspirarse, y volvieron a consultar a sus compañeros por deseos e ideas: mamparas entre los mingitorios, difusores de aroma, inodoros divertidos, plantas, techos pintados y nuevos muebles bajo las piletas.
Terwort explicó que todo eso costaba dinero. La escuela usó un pequeño presupuesto propio, pidió ayuda a las familias y buscó patrocinadores.
Música, luces y turnos de control
Entre los cambios, Frida destacó parlantes y un sensor de movimiento: quien entra activa la radio y tiras de luces de colores. Jayden mencionó estrellas luminosas en el techo y una pared donde se puede escribir. Además, hay una guardia de baños a cargo de los propios alumnos, que en cada recreo revisan que haya papel y jabón y controlan que no entren demasiados a la vez.
Hace dos años, la escuela ganó el concurso «Toiletten machen Schule»: 5.000 euros y un vale de 10.000 euros de una empresa de equipamiento sanitario. Según Frida, usaron ese dinero en otro proyecto: un baño para todos los géneros, pensado para quienes se sienten incómodos al tener que elegir entre el de mujeres y el de varones.
Una lectura
El caso muestra que el estado de los baños no depende solo del presupuesto: la escuela combinó recursos modestos con decisión de los alumnos, y según sus protagonistas el resultado se sostiene hoy. Queda abierto cuánto de esto es replicable en escuelas sin patrocinadores ni premios, y si los cambios de actitud perduran cuando se renueve la generación que impulsó el proyecto.
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