Vucic reconoció su derrota ante los candidatos de los estudiantes en Serbia
El presidente serbio admitió el domingo el triunfo de la lista estudiantil, seis meses después de la caída de Orbán en Hungría. El movimiento enfrenta ahora el desafío de gobernar sin mayoría constitucional.
Durante más de un año, los habitantes de Belgrado no pudieron entrar a uno de los parques más emblemáticos de la ciudad, ubicado entre el Parlamento y las oficinas del líder de derecha Aleksandar Vucic. Estaba cercado y ocupado por sus seguidores más fervientes, y también más violentos, una suerte de fuerza de choque encargada de intimidar y, a veces, agredir a integrantes del creciente movimiento estudiantil opositor.
El domingo por la noche, Vucic sorprendió al país al reconocer su derrota en una elección frente a candidatos respaldados por los estudiantes. Jóvenes eufóricos coparon las calles de Belgrade, derribaron los cercos del campamento conocido como Caciland y quemaron las carpas que había en su interior.
Dos años de movilización
El movimiento nació del enojo con Vucic y su gobierno después de que, en 2024, murieran 16 personas por el derrumbe de una marquesina de concreto en una estación de tren de Novi Sad. Los jóvenes atribuyeron el colapso a corrupción y amiguismo en las obras de renovación. Acusaron al presidente, a quien se vincula con el Kremlin, de autoritarismo creciente, lazos con el crimen organizado y corrupción desenfrenada.
Las escenas de festejo recordaron la salida del primer ministro húngaro Viktor Orbán seis meses atrás. Tras 16 años en el poder, Orbán perdió ante Péter Magyar, un recién llegado a la política que, como los estudiantes serbios, pasó dos años recorriendo las zonas donde el oficialismo era más fuerte. Su partido, Tisza, de centroderecha, ganó por goleada, con la mayor participación electoral de la etapa poscomunista, impulsada en buena medida por los jóvenes.
Magyar felicitó a los estudiantes serbios en redes sociales. Dijo estar "encantado de saber cuánta fuerza les dio nuestra victoria de abril" y preguntó si no había sido el único que sintió nostalgia al ver las imágenes de Serbia.
Un camino sin mayoría propia
Desde que asumió, Magyar usó la mayoría de dos tercios de su partido en el Parlamento para avanzar en la liberación de los medios, el regreso de Hungría a la órbita de la Unión Europea y la sanción a miembros del régimen de Orbán enriquecidos bajo su patronazgo.
Los estudiantes serbios no cuentan con esa mayoría constitucional. Su Lista Estudiantil reúne a expertos de distintos campos con poca o ninguna experiencia política o estatal, y el nombre del futuro primer ministro sigue sin conocerse. "Hoy celebramos... pero mañana empieza el trabajo", dijo Radomir Saicic, uno de los candidatos.
Los leales a Vucic instalados durante años en los servicios de seguridad, junto con una aceitada maquinaria de propaganda, podrían intentar socavar la gestión. El propio Vucic anunció el domingo que dará una lucha desde la oposición contra las nuevas autoridades.
Un fenómeno más amplio
Las protestas juveniles también sacudieron a Albania, donde los reclamos estudiantiles por reformas educativas se convirtieron en rechazo general al gobierno, en buena parte por un gran proyecto inmobiliario vinculado a Jared Kushner, yerno de Donald Trump. En Tirana hubo choques violentos, y la policía antidisturbios respondió con gases lacrimógenos y cañones de agua, mientras los manifestantes piden la renuncia del primer ministro Edi Rama, aliado de Vucic, por denuncias de corrupción.
El malestar se extendió por calles europeas de Francia, Italia, España y Portugal, alimentado por la frustración juvenil con la educación pública, los servicios sociales y el costo de la vivienda. La socióloga María Silvestre, de la Universidad de Deusto, sostuvo que los jóvenes viven "una fuerte sensación de incertidumbre y falta de control" y que, ante ciertas condiciones, "de repente se enciende una chispa capaz de canalizar ese descontento".
El profesor serbio Dejan Pavlovic escribió en X que la falta de experiencia política de los estudiantes y de vínculos con negocios dudosos "se convirtió en su mayor ventaja estratégica", mientras que Vucic quedó "culturalmente obsoleto". Señaló además que el resultado "desafía las suposiciones convencionales sobre los recursos necesarios para derrotar a un oficialismo atrincherado".
Lo que viene
La próxima prueba es una elección presidencial que debe celebrarse antes de fin de año. El movimiento tendrá que evitar divisiones internas, con temas sensibles como la relación con la Unión Europea y con Rusia, aunque el eje será la corrupción. El comentarista Ivan Milenkovic advirtió: "Los tentáculos del pulpo de Vucic se extendieron por todo el país. Sacarlos, lidiar con ellos, va a ser un trabajo enorme".
La comparación con Hungría ofrece una guía, pero también marca diferencias: sin supermayoría y sin candidato a premier definido, los estudiantes dependerán de su cohesión y de su capacidad para desmontar una red de lealtades en el aparato estatal. Cómo responda Vucic desde la oposición será, probablemente, lo primero que defina el rumbo.
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