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Martes 27 de octubre de 2026

Warsh quiere volver al monetarismo en la Fed, pero las señales son difusas

El presidente de la Reserva Federal puso a trabajar a dos de sus cinco grupos de trabajo en las ideas de Milton Friedman. La experiencia pospandemia ofrece argumentos a favor y en contra.

Redacción

· 3 min de lectura

Warsh quiere volver al monetarismo en la Fed, pero las señales son difusas
Imagen · Financial Times

El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Kevin Warsh, busca devolver el monetarismo al centro del pensamiento del banco central. Dos de sus cinco grupos de trabajo se ocupan de eso: uno sobre la política de balance, que examinará el dinero creado por el propio banco central, y otro sobre marcos de inflación, que estudiará el efecto del dinero creado por la banca y el sistema financiero.

Warsh, que se define como alumno de Friedman, dijo el año pasado ante la Institución Hoover que "la política monetaria y la inflación tienen que ver con el dinero". En su discurso de agosto en Jackson Hole sostuvo que "deberíamos prestar atención al dinero creado por el banco central y al que proviene de los sistemas bancario y financiero". Reconoció que las innovaciones financieras alteran los vínculos entre base monetaria, velocidad del dinero y economía, pero dijo que eso "apenas" justifica ignorar los efectos del dinero sobre las condiciones financieras y los precios.

Por qué vuelve la discusión

El monetarismo se volvió influyente en los años 60 y 70, tras el fracaso del keynesianismo de posguerra para controlar la inflación, y ganó fuerza con el éxito del Bundesbank en los 70. Perdió terreno en los 80, cuando los indicadores monetarios dejaron de predecir la inflación.

El motivo actual es práctico. La oferta de dinero creció con fuerza tras la pandemia, sobre todo en Estados Unidos, y la inflación llegó poco después en todo el mundo. Los monetaristas Tim Congdon y Steve Hanke anticiparon el problema. Una investigación de 2023 del Banco de Pagos Internacionales encontró que el dinero importa poco cuando la inflación está cerca de la meta, pero gana peso como predictor en episodios de alta inflación. En 2022, el economista jefe del Banco de Inglaterra, Huw Pill, concluyó que la política de los bancos centrales debe al monetarismo "más de lo que se admite convencionalmente".

Los motivos de cautela

Hay objeciones. En Europa, la inflación de 2022 se concentró en energía y alimentos, lo que apunta a un shock de oferta, como sostuvo el economista jefe del BCE, Philip Lane. Ben Broadbent, ex subgobernador del Banco de Inglaterra, notó en 2023 que el argumento monetarista encajaba mal con los datos porque el consumo fue menor al esperado.

También está el problema de la causalidad: con datos de Estados Unidos, las pruebas estadísticas pueden mostrar que el dinero causa inflación y viceversa, y los ciclos de ambos estuvieron a menudo desfasados, sobre todo en los 70. Además, investigaciones del Banco de Inglaterra hallaron que el dinero es buen indicador de la demanda en lapsos de entre 32 y 64 años, pero poco útil en los horizontes cortos de la política monetaria.

Qué dicen hoy los agregados

Según el análisis, no mucho: el crecimiento de la oferta monetaria subió este año, pero no se aleja del período prepandemia en Estados Unidos, la eurozona, Reino Unido y Japón. Eso tranquiliza a margen: la inflación es incómodamente alta, pero los indicadores sugieren que no persistirá. Las stablecoins en dólares, por su parte, empezaron a achicarse este año.

Una lectura

El consenso que se dibuja es intermedio: mirar los agregados monetarios sin volver a las metas rígidas, algo que se considera muy improbable. Queda por ver qué proponen los grupos de Warsh y si su fervor doctrinal se traduce en cambios concretos en un contexto donde el dinero, hoy, no da señales claras.

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