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Sábado 24 de octubre de 2026

Alemania, con los peores resultados PISA, no se indigna por la educación

Un análisis de las encuestas que acompañan la prueba PISA sugiere que a los alemanes les importa la educación menos que antes y menos de lo que dicen. Economistas y pedagogos señalan el mercado laboral como una causa posible.

Redacción

· 4 min de lectura

Alemania, con los peores resultados PISA, no se indigna por la educación
Imagen · Frankfurter Allgemeine

Los estudiantes alemanes obtuvieron en la última prueba PISA, difundida en septiembre, los peores resultados de su historia. El desempeño cayó en lectura y en ciencias, y en matemática el país quedó por debajo del promedio de las naciones evaluadas. Sin embargo, la reacción pública fue escasa, según un análisis del diario Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung (F.A.S.).

Una reacción mucho menor que en 2000

El contraste con el shock que provocó la primera prueba PISA, en 2000, es marcado. Entonces los puntajes eran más altos y, aun así, el país discutió durante semanas cómo rescatar la educación. Ese esfuerzo colectivo, según el diario, elevó después el rendimiento de forma notable.

Esta vez, la ministra de Educación expresó preocupación por compromiso, pero hubo poca repercusión más allá. Los jóvenes que convocan a marchas masivas para el fin de semana incluyen las escuelas deterioradas en un punto compartido con los recortes en lo social, la cultura y la salud. La falta de psicoterapias, según el diario, se menciona con más palabras que la mala educación.

Las explicaciones habituales apuntan a la dificultad del sistema para integrar a los niños inmigrantes y a la distracción que provocan los celulares. El F.A.S. reanalizó las encuestas de PISA y las cruzó con otros indicadores sociales, y concluyó que hay otro factor: la educación pesa menos para las familias.

Qué muestran los datos

Hoy el 44% de los padres dice haber ido a la escuela por iniciativa propia, contra el 53% de hace diez años. Un título universitario es menos importante para los padres alemanes que para los de otros países industrializados. También le dan menos peso al prestigio de la escuela y al rendimiento de sus alumnos, y más a la cercanía.

La Oficina Federal de Estadística registra que los chicos dedican hoy unos 40 minutos semanales menos a estudiar que hace una década y dedican algo menos de tiempo a las tareas. Además, si en los años 2000 los padres presionaron por el bachillerato en ocho años, en los últimos años lograron lo contrario: que se extienda otra vez, para reducir el estrés.

Los alumnos muestran la misma tendencia. PISA indica que, en tres años, la proporción de quienes dicen esforzarse más cuando el trabajo se complica bajó 7,9 puntos porcentuales, y la de quienes consideran que la escuela es una pérdida de tiempo subió 4,0 puntos. También cayeron el gasto familiar en clases particulares y las estadías en el exterior, que como los puntajes tuvieron su pico a comienzos de la década de 2010.

Familia, universidad y mercado laboral

Ludger Wößmann, economista de la educación del instituto Ifo de Múnich, subraya el peso del contexto familiar, por ejemplo la cantidad de libros en casa. La migración pudo cambiar la composición de las familias, con más padres de menor nivel educativo, pero aclara que el efecto del origen migratorio en sí es "muy pequeño"; lo que cuenta es el nivel educativo. Su otra hipótesis es que "el Bildungsbürgertum" (la burguesía culta) ya no exige tanto rendimiento: "Creo que es así".

Wößmann opina que a la gente quizá le importe que el hijo vaya al gimnasio y saque el Abitur, pero no necesariamente que haya aprendido de verdad. Descarta que el problema sea la falta de tiempo de los padres: un estudio del Centro de Ciencias de Berlín de este año indica que los padres millennials pasan más del doble de tiempo con sus hijos que los de la generación del baby boom. Y, tras el primer año de vida, hay "apenas estudios" que muestren efectos negativos de que los padres trabajen más.

También ve un cambio de incentivos en el acceso a la universidad. Según el Centro para el Desarrollo de la Educación Superior, más del 70% de las carreras de grado del actual semestre de invierno no tiene restricciones de ingreso; hace diez años, una de cada dos las tenía.

Anne Sliwka, directora del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Heidelberg, había atribuido el desgano a la multiplicación de distracciones. Ahora considera "muy plausible" otra explicación: el mercado laboral. Desde comienzos de la década de 2010, cuando el país dejó atrás el desempleo masivo, bajaron a la par los rendimientos escolares y las horas de trabajo que los alemanes desean. En matemática, cerca del 90% sigue de acuerdo con que es necesaria para un buen empleo, pero la adhesión total fue reemplazada por una simple.

Una docente de un gimnasio cerca de Colonia contó que antes se decía "el chico tiene que aprender más" y ahora "el docente tiene que fomentar más". Resumió: "Hoy es así: aprendemos menos, pero nos quejamos más".

Una lectura

Los datos muestran correlaciones, no pruebas: la propia Sliwka admite que la hipótesis laboral difícilmente pueda demostrarse del todo. Aun así, la coincidencia temporal entre mercado laboral, expectativas familiares y rendimiento plantea una pregunta incómoda para un país cuya prosperidad depende de su capital humano. Queda por ver si el reciente deterioro del empleo, que el propio análisis menciona, alcanza para cambiar las actitudes, y si la caída de resultados llega a ser un tema político.

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