D’Oro, el restaurante de dos hermanos que abrió en 1999 y llegó a Miami
Claudio y Norberto D’Oro, hijos de italianos formados en Roma, abrieron su local porteño antes de la crisis de 2001. Hoy la segunda generación de la familia lo conduce y suma una importadora.

En el Día de la Pasta, que se celebró el domingo 25 de octubre, la familia D’Oro repasó la historia de D’Oro Italian Bar, el restaurante que abrió en 1999 en el centro de Buenos Aires, a las puertas de la peor crisis económica del país. Lo contó Claudio D’Oro en diálogo con LA NACION.
De Roma a Buenos Aires
Entre 1989 y 1996, los hermanos Claudio y Norberto D’Oro, hijos de italianos, estudiaron gastronomía en Roma. Al volver a la Argentina fundaron un restaurante llamado Gino, en honor al apodo de su padre. No tenían experiencia en gestión, pero la escuela italiana les dio, según el relato, un enfoque de alta calidad y respeto por las recetas tradicionales.
“La escuela italiana fue muy valiosa porque te hace ver las cosas desde un lugar mucho más crítico, más objetivo”, dijo Claudio. Agregó que conocer la tradición tal cual es en su origen es lo que permite después innovar sin transgredirla.
A los tres años compraron el local actual, que abrió en 1999 y se financió con la venta de departamentos de los hermanos. Durante un tiempo trabajaron con los dos restaurantes, casi enfrentados, y según Claudio se llenaban ambos.
Crisis en la puerta
Los D’Oro se instalaron en pleno centro porteño, testigos de marchas y piquetes. “Pasamos muchas crisis, la del 2001 con Fernando de la Rúa, cuando el centro era todo un bombardeo”, recordó Claudio. También mencionó las manifestaciones de Cromañón frente al local durante un año, que casi les impedían trabajar. Aun así, dijo, “los clientes saltaban las vallas y entraban igual”. El restaurante prosperó, según la nota, gracias a una clientela fiel y a una gestión que se fue perfeccionando, pese a las deudas iniciales.
El desembarco en Miami
En 2012 la firma llegó a Miami, tras un año de gestión y búsqueda de inversores. Claudio contó que el marco era muy distinto del argentino, incluso para alquilar un local. Después de 11 meses encontró una ubicación en Downtown, donde sigue hoy. “No quería volver con las manos vacías de ninguna manera, aunque me estaba masacrando el nivel de estrés”, relató.
Allí el concepto fue un café gourmet, con vino, champagne, entradas, ensaladas y bruschettas. Poco después los hermanos vendieron parte de sus acciones porque, según Claudio, los inversores no querían seguir expandiéndose hasta recuperar lo invertido. Esos inversores insistieron en que conservaran una participación.
Segunda generación
En 2017 Norberto se mudó a Europa y Claudio compró la totalidad de las acciones. Entre 2021 y 2022 se repartieron entre sus hijos, María Florencia y Leandro D’Oro. Con ellos, el negocio se reorganizó en áreas (Recursos Humanos, Marketing, Ventas, Infraestructura y Administración) para convertirse en “una empresa hiperorganizada”.
Hace algo más de un año, la marca sumó D’Oro Italian Import, dedicada a importar productos italianos. El local porteño, de ladrillo visto, murales y obras de arte, ofrece platos clásicos con toques de innovación y vinos argentinos e italianos.
Una lectura
La historia muestra a un negocio gastronómico que sobrevivió a varias crisis locales y que cambió de manos y de formato sin perder la identidad italiana. No se precisaron cifras de facturación ni de inversión, así que el alcance real de la expansión a Miami y de la importadora queda abierto.
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