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Sábado 24 de octubre de 2026

"Das kriegen wir hin": qué dice de nosotros la muletilla alemana

Un ensayo del diario Frankfurter Allgemeine sostiene que el verbo "hinkriegen" se volvió comodín para todo, de reformas políticas a turnos de peluquería, y que esconde una idea empobrecida de la acción.

Redacción

· 2 min de lectura

"Das kriegen wir hin": qué dice de nosotros la muletilla alemana
Imagen · Frankfurter Allgemeine

En alemán, "Das kriegen wir hin" ("esto lo sacamos adelante") se escucha para todo: reformas políticas, un turno en la peluquería, una transferencia bancaria. Un texto publicado en el Frankfurter Allgemeine se pregunta por qué ese verbo coloquial, hinkriegen, ganó un lugar casi monopólico entre las palabras que significan lograr, completar o resolver algo pese a las dificultades previsibles.

Un verbo de último momento

El autor señala que el idioma ofrece una gran cantidad de sinónimos y términos cercanos, como "meistern" (dominar, resolver con maestría). Sin embargo, domina el verbo informal. Su explicación es que hinkriegen describe un mundo "cosido al borde": sin márgenes, sin reservas, regido por una economía de recursos fijos.

Desde esa lógica, el acto de "hinkriegen" tiene algo de condescendiente, de favor concedido. Según el texto, la frase sugiere que en rigor no hay tiempo ni recursos para eso, "pero bueno, lo sacamos adelante, porque sos vos".

Lo que se pierde

Lo que se pierde con esa idea de eficiencia ajustada, plantea el texto, es una noción soberana de la acción: la que reparte con generosidad, tolera rodeos y demoras, tiene en cuenta el potencial y, si hace falta, se entrega por completo, aun a costa de dejar de lado el resto. Eso es lo que ocurre, según el autor, cuando se "mastera" en lugar de "hinkriegen".

Detrás de esa postura aparece un pensamiento que aprovecha todo al máximo y no se queda en cumplir de forma lineal procesos preestablecidos, como si fueran fenómenos naturales y no producto de la contingencia técnico-digital.

Una referencia sociológica

El ensayo ve en hinkriegen un gesto de sometimiento a la automatización técnica. Recuerda al sociólogo Helmut Schelsky, quien en los años sesenta criticó el reemplazo de las telefonistas que conectaban llamadas internacionales por la marcación directa, que al principio se pagó con tiempos de espera más largos. Schelsky veía en ese "hacer que funcione" automatizado, ciego a sus efectos paradójicos, un efecto deshumanizante. El autor aclara que no hace falta una crítica cultural tan severa para conservar algo de conciencia de uno mismo y de las propias aspiraciones de maestría.

Una lectura

Se trata de una reflexión de autor, no de un hallazgo empírico: no hay datos sobre cuánto creció el uso de la expresión. Su interés está en que conecta un tic del habla cotidiana, que además remite a una frase muy presente en el debate político alemán, con una pregunta más amplia sobre cuánto margen dejan los sistemas ajustados al límite. Queda abierto si la expresión refleja de verdad esa mentalidad o si es solo una forma cómoda de hablar.

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