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Lunes 26 de octubre de 2026

Don Davide Banzato: a los chicos no les faltan estímulos, les falta tiempo de calidad

El sacerdote de la comunidad Nuevos Horizontes publicó "Come una stella nel cielo", un libro para chicos desde los 7 años sobre el desconcierto, el crecimiento y el valor de la vida.

Redacción

· 3 min de lectura

Don Davide Banzato: a los chicos no les faltan estímulos, les falta tiempo de calidad
Imagen · Il Fatto Quotidiano

Don Davide Banzato, sacerdote de la comunidad internacional Nuevos Horizontes (Nuovi Orizzonti), fundada por Chiara Amirante, presentó Come una stella nel cielo, un libro publicado por Mondadori Electa y pensado para chicos a partir de los 7 años. Banzato, conductor y autor de varios libros, cuenta una historia que busca hablarles a los más pequeños del desconcierto, el miedo y el crecimiento, y acompañarlos en la búsqueda de su propio camino.

Una historia nacida en la montaña

El libro parte de una experiencia personal: una excursión en la montaña, a unos 3.000 metros de altura, con su sobrino Luca. El protagonista es un chico que sale al balcón, mira las estrellas y se pregunta qué lugar ocupa en todo eso. En la historia dialoga con su ángel de la guarda, que lo escucha y lo acompaña, sobre todo cuando "la luz se apaga y baja la noche", una metáfora de los momentos en que todo resulta más difícil de comprender.

Según el autor, un chico también puede sentirse perdido: ante la separación de sus padres, un cambio, el temor a no ser aceptado o la pérdida de un ser querido. Banzato explicó que la protagonista del relato es una pequeña estrella que se pierde y descubre que, aunque no vea el camino, este existe, y que hay un amor que sigue buscándola. Lo definió como "una pequeña parábola" que cuenta lo que el Evangelio repite: nadie está perdido a los ojos de Dios.

Contó que las imágenes poéticas del libro, como la luz, las estrellas, el cielo, el camino, la oscuridad, la semilla o el mar, están atravesadas por la Palabra de Dios, sin convertir el relato en una lección. Dijo además que lo escribió pensando tanto en los chicos como en los adultos, para que surja un diálogo entre ellos.

El tiempo, según Banzato

Consultado desde Madagascar, donde está de misión, citó un dicho africano: "Ustedes los occidentales tienen el reloj. Nosotros tenemos el tiempo". A partir de allí sostuvo que a los chicos no les faltan estímulos, sino que tienen demasiados. "Falta un tiempo de calidad que nosotros no les damos", afirmó, y agregó que los adultos lo tuvieron de chicos y deben recuperarlo.

Para el sacerdote, ese tiempo es el de la escucha, el asombro, el silencio y la relación; también el de hacer una pregunta sin recibir de inmediato la respuesta de una pantalla. "Conocer muchas cosas no significa necesariamente aprender a vivir", dijo. Planteó que para crecer hace falta sentirse amado, aprender que no todo es inmediato, que una caída no es el final y que el valor propio no depende de los resultados, la apariencia o la aprobación ajena.

Lo que los adultos no saben responder

Banzato opinó que antes que las respuestas falta disposición a enfrentar las grandes preguntas. Según dijo, los adultos explican bien cómo funciona el mundo, pero son más frágiles cuando deben decir por qué vale la pena vivir en él. Señaló que un chico percibe enseguida si lo que se le dice es algo aprendido o algo que se intenta vivir, y que el desafío educativo es que los adultos vuelvan a buscar lo esencial: "No podemos señalarles una estrella a los chicos si nosotros dejamos de mirar el cielo".

Sobre cómo hablarles del valor de la vida, respondió que primero hay que hacérselo experimentar: "Un chico comprende que la vida es preciosa cuando siente que su vida es preciosa para alguien". Luego se le puede decir que cada persona es única e irrepetible y que una pequeña luz puede ser un punto de referencia para otro. Su mensaje a los chicos: "No pienses nunca que tu vida es demasiado pequeña para hacer algo grande". Y añadió que el valor de una vida se mide por la capacidad de amar y dejarse amar.

Una lectura

El planteo de Banzato parte de una mirada religiosa, pero su diagnóstico sobre el tiempo compartido con los chicos excede lo confesional y dialoga con debates actuales sobre pantallas e infancia. Queda abierto cómo recibirán el libro los lectores más chicos y las familias, algo que el autor no evaluó, y si el diálogo entre generaciones que propone se traduce en prácticas concretas de crianza.

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