Estados Unidos y China arman bloques de IA y los demás países buscan no elegir
Pax Silica, liderado por Washington, y la Organización Mundial de Cooperación en IA, impulsada por Beijing, presionan a países que quieren aprovechar a ambos. Según expertos, el margen para no definirse puede achicarse.
Con Estados Unidos y China, las dos grandes potencias de la inteligencia artificial, conformando bloques propios, otros países maniobran para aprovechar las ventajas de ambos sin perder terreno. Los especialistas advierten que la ventana para elegir libremente podría estar cerrándose y obligar a optar entre Pax Silica, liderado por Washington, y la Organización Mundial de Cooperación en IA, de inspiración china.
El dilema es concreto: acceder a los chips y tecnologías más avanzados de Estados Unidos o sumarse a los sistemas chinos, más baratos y de código abierto.
Kazajistán, el caso de equilibrista
Kazajistán, país centroasiático de unos 21 millones de habitantes, intentó tender un puente. En junio, su ministro de IA, Zhaslan Madiyev, visitó Washington para sumarse al grupo estadounidense que busca fortalecer las cadenas de suministro de IA. Tres semanas después estuvo en Shanghai, en la firma que convirtió a su país en miembro fundador de la iniciativa china, junto con otros 28 países, entre ellos Pakistán y Rusia.
Con Pax Silica espera alianzas tecnológicas, empleos de manufactura de alta tecnología y un lugar en las cadenas globales. Con el bloque chino busca voz en la definición de estándares regionales y globales. «Todos están cubriéndose», dijo Dana Masalimova, exdiplomática kazaja e investigadora de Harvard. «No queremos esta elección binaria», agregó.
Kazajistán tiene minerales críticos y electricidad barata para centros de datos. Este año firmó un acuerdo de hasta US$ 10.000 millones que involucra a Nvidia para crear un «valle de centros de datos». Según funcionarios locales, la inversión extranjera directa china llegó a un récord de US$ 2.800 millones en 2025, y en julio Xi Jinping se reunió con el presidente Kassym-Jomart Tokayev. Masalimova describió su situación como «muy precaria».
Presión de Washington, cortejo de Beijing
Donald Trump sostuvo el mes pasado que «quien gane la IA, gana». Funcionarios y empresas estadounidenses acusan a China de «destilación» a gran escala, es decir, extracción de capacidades de modelos avanzados de EE.UU. Beijing lo rechaza y afirma que Washington busca un monopolio y restringe su acceso a chips y maquinaria de punta.
El Departamento de Estado fue explícito: los países «no pueden ser socios confiables en Pax Silica mientras participan sustancialmente en iniciativas que promueven una visión competidora de la superinteligencia». La embajada china en Washington respondió que ambos países deberían aprovechar sus fortalezas «en lugar de protegerse el uno del otro» y que la IA «no debería ser propiedad de las grandes potencias».
Kyle Chan, de la Brookings Institution, explicó que los mensajes difieren porque Beijing necesita atraer a terceros para armar una coalición alternativa, mientras que Washington ya tiene una red de aliados. Eso da poder a los «países pendulares».
Otros jugadores
Indonesia, rica en níquel y cobre, se unió a la organización china y quiere beneficiarse de ambos. «Deberíamos poder ser parte de los dos y elegir el mejor sistema», dijo Mari Pangestu, vicepresidenta del Consejo Económico Nacional. Singapur, donde Anthropic abre su última oficina asiática, evalúa sumarse al bloque chino. En Arabia Saudita, la startup Humain presentó en septiembre una plataforma basada en un modelo abierto de una empresa china, y el reino tiene un acuerdo con Nvidia. Francia intenta un camino propio con Mistral, cuyo nuevo modelo, lanzado este mes, supera a algunos modelos chinos avanzados. Japón, alineado con EE.UU., no rechazará los modelos chinos baratos para «aplicaciones de menor riesgo», según Takahiro Tsuchiya, profesor en Kioto.
Para Reino Unido y Alemania, sin modelos propios de frontera, alinearse con EE.UU. puede ser vital para acceder a centros de datos y chips, según Anton Leicht y Sam Winter-Levy, del Carnegie Endowment. Su acceso, dijeron, «depende de los caprichos de los responsables políticos en Washington y Beijing».
China achica la brecha en chips y capacidades, aunque todavía va detrás. Alberto Lemma, de ODI Global, señaló que su enfoque abierto reduce la dependencia de EE.UU. y que financia ecosistemas de IA en países en desarrollo. Según AidData, aportó subvenciones y préstamos oficiales para proyectos con IA en al menos 77 países de ingresos bajos y medios, como Nigeria, Zambia, Ghana, Bangladesh, Senegal, Camerún y Kenia. Pew detectó además mayor confianza en China en materia de IA en países de ingreso medio.
Una lectura
Aalok Mehta, del CSIS, dijo que muchos países no quieren elegir porque cada paquete tecnológico tiene pros y contras, y que todos piensan en soberanía en IA, aunque quizá solo EE.UU. y China puedan construir los modelos más grandes. El caso kazajo muestra que la doble pertenencia es posible hoy, pero Washington ya condicionó su club a la exclusividad. Queda por ver si ese requisito se aplica de hecho y qué hará cada país cuando la ambigüedad deje de ser gratis.
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