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Sábado 24 de octubre de 2026

Fatima El Mansouri, primera ministra de Marruecos, entre el rey, los clérigos y el feminismo

La designación de la primera mujer al frente del gobierno marroquí reavivó el debate sobre los derechos de las mujeres. Su margen para impulsar reformas depende del rey y del peso de los líderes religiosos.

Redacción

· 4 min de lectura

Fatima El Mansouri, primera ministra de Marruecos, entre el rey, los clérigos y el feminismo
Imagen · BBC

El rey Mohammed VI nombró a Fatima Zahra El Mansouri como primera ministra de Marruecos, la primera mujer en ocupar el cargo. La decisión reavivó resistencias conservadoras y expectativas de cambio, en un país donde la reforma del derecho de familia sigue pendiente.

Su partido, Autenticidad y Modernidad (PAM), obtuvo la mayor cantidad de escaños en las elecciones parlamentarias de septiembre y anunció una coalición con otros tres partidos. Juntos controlan 207 de las 395 bancas del parlamento.

Reacciones divididas

A principios de octubre, el exministro de Justicia Mustafa Ramid, de un gobierno liderado por islamistas, citó en Facebook el proverbio islámico según el cual "un pueblo que confía sus asuntos a una mujer nunca tendrá éxito". Cuestionó si una mujer debería ocupar el cargo político más alto, y sostuvo que el país había hallado un equilibrio porque el puesto máximo, el del rey, seguía reservado a los hombres.

Al día siguiente de la designación, la cadena local Chouf TV consultó a hombres en la calle. Varios dudaron; algunos dijeron que aceptaban la decisión porque era del rey. Uno dijo: "Me resulta extraño tener a una mujer como jefa de gobierno. No estoy seguro de que me parezca bien". En las redes circularon además burlas, como un video de dos mujeres tirándose del pelo presentado como futuras discusiones parlamentarias. Muchos jóvenes, sobre todo mujeres, recibieron el nombramiento con satisfacción.

Los temas pendientes

Los debates más sensibles sobre igualdad de género giran en torno al derecho de familia. Según las normas vigentes, una hija suele heredar la mitad que un hijo en circunstancias similares. El Consejo Superior de Ulemas, el organismo de eruditos religiosos, se resistió a la igualdad hereditaria y rechazó abolir el Taasib, norma que puede obligar a huérfanas sin hermanos a compartir la herencia con parientes varones, incluso lejanos. En 2022, el Consejo Nacional de Derechos Humanos afirmó que la desigualdad hereditaria contribuye a la pobreza femenina.

La poligamia es legal bajo ciertas condiciones. Entre los cambios propuestos a la Moudawana, el código de familia, figura que las mujeres puedan estipular en el contrato matrimonial que el marido no tome otra esposa. Persisten excepciones, como la infertilidad o enfermedad de la primera esposa, criticadas por grupos de derechos de las mujeres. Un paquete de reformas fue anunciado en 2024, pero aún no es ley.

La educación de las niñas es otra expectativa. Según la Alta Comisión de Planificación, en 2025 solo el 55% de las niñas de 15 a 17 años asistía a la escuela en zonas rurales, frente al 100% en las urbanas. La joven Chifae Laazouzi atribuyó el abandono a la distancia, el transporte inseguro y la falta de recursos, y pidió productos menstruales gratuitos en las escuelas.

Una trayectoria sin definiciones

El Mansouri tiene más de dos décadas en la vida pública: fue alcaldesa de Marrakech, ocupó cargos de gobierno y fue parlamentaria. Los últimos cinco años fue ministra de planificación territorial, urbanismo y vivienda con el primer ministro Aziz Akhannouch. Tras su designación dijo que ser la primera mujer jefa de gobierno "no es solo un motivo de orgullo para mí, sino para todas las mujeres del reino".

No indicó si intentará impulsar la reforma del código de familia, y en su carrera no hizo declaraciones destacadas sobre derechos de las mujeres, ni siquiera durante los debates sobre herencia y poligamia.

Irene Fernández-Molina, de la Universidad de Exeter, vinculó el nombramiento con la participación electoral: según cifras oficiales, 38% de los votantes registrados, la más baja en dos décadas. "Esto último no puede entenderse sin lo primero", dijo. Lo describió como "feminismo de Estado autoritario", una "instrumentalización selectiva y vertical de la lucha por los derechos de las mujeres con fines de legitimación del régimen".

La activista Yasmina Benslimane consideró que se rompe "un techo de cristal que nunca se había roto", pero que "importa cómo llegó hasta ahí": señaló el origen privilegiado de El Mansouri, hija de un pachá, y su acceso a redes políticas. Sara Zouiten, joven marroquí, afirmó que ser mujer en el poder no convierte a nadie en defensora de sus derechos y que quiere ver si el discurso modernizador del partido se traduce en cambios.

Un margen acotado

El rey conserva amplios poderes sobre defensa y relaciones exteriores, y el jefe de gobierno actúa en un sistema de autoridad compartida. Una reforma de la Moudawana la enfrentaría con los ulemas, en su mayoría hombres. En Marruecos, además, ciertas formas de ofensa a la monarquía son delito, lo que limita la crítica abierta.

La pregunta de fondo es si el nombramiento es el comienzo de una agenda o un gesto simbólico. Por ahora, la primera ministra no fijó posición sobre las reformas, y su margen depende de un palacio que decide y de un establishment religioso que se resiste. La Moudawana será la primera prueba concreta.

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