Francia despliega 70.000 policías ante una nueva jornada de protestas
El Gobierno refuerza la seguridad un 20% tras los disturbios y saqueos del sábado pasado, que reconoció haber manejado mal. Italia también se prepara para más movilizaciones.

Francia desplegará este sábado 70.000 policías para controlar una nueva ola de protestas, en una prueba de la capacidad del Gobierno para garantizar el orden público después de los disturbios y saqueos que sacudieron el país el fin de semana anterior.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, informó que habrá cerca de un 20% más de agentes en las calles, con apoyo de unidades especializadas que suelen actuar en operativos antiterroristas u otras misiones. Además, soldados custodiarán edificios sensibles y centros de transporte. "Estamos listos para mañana", dijo Nuñez el viernes. "Seremos extremadamente vigilantes, extremadamente firmes y no dejaremos pasar absolutamente nada".
Lo que pasó el 17 de octubre
Aquel sábado, según el Gobierno, un despliegue insuficiente fue desbordado por una franja radical de manifestantes, a la que luego se sumaron lo que las autoridades llamaron "saqueadores oportunistas". Se saquearon unos 3.000 comercios y hubo 2.300 detenidos solo ese día. Atacantes incendiaron la oficina de turismo de Lyon y estuvieron cerca de destruir el histórico ayuntamiento de Limoges. Dos sospechosos, vinculados por la policía a grupos de "ultraizquierda", fueron arrestados por el incendio de Limoges.
Las protestas las iniciaron estudiantes secundarios hace varias semanas, con bloqueos de colegios por las malas condiciones educativas. Luego se ampliaron a un malestar más general por el costo de vida, en particular el precio de la nafta, y contra la presidencia de Emmanuel Macron. La movilización del 17 no fue convocada por los sindicatos tradicionales sino por una campaña en redes sociales, y reunió a unas 500.000 personas, muy por encima de lo previsto.
Restricciones y puntos calientes
Nuñez dijo que las autoridades detectaron mensajes en línea de grupos de izquierda radical que incitan a la violencia y prometen atacar otra vez edificios públicos. "No estamos hablando de una manifestación amable y amistosa", afirmó. Esta semana, toques de queda limitados en zonas de París y otras grandes ciudades ayudaron a mantener la calma.
Las autoridades locales prohibieron las marchas en muchas de las principales ciudades, como Marsella, Lyon y Niza, y solo permitieron las convocadas por sindicatos, considerados capaces de ayudar a mantener el orden. En París, una agrupación sindical debía encabezar una, pero la negociación con las autoridades por el recorrido se rompió el viernes y el plan quedó en duda. El enfoque es mucho más restrictivo que el habitual en un país donde el derecho a protestar tiene protección constitucional, aunque el Gobierno puede prohibir marchas ante una amenaza grave al orden público.
La atención estará puesta en Orléans, donde la ultraderechista Agrupación Nacional realiza su congreso partidario. Organizaciones de izquierda, partidos y sindicatos preparan una contramarcha que podría reunir hasta 30.000 personas.
El clima se tensó además por el ataque del viernes en Trappes, al oeste de París, donde un hombre armado mató a una persona e hirió a cinco; Macron dijo que fue un ataque de motivación racial.
Comparaciones e Italia
El operativo es amplio: supera los 45.000 agentes enviados a calmar los disturbios de 2023 tras la muerte de un adolescente por un disparo policial, aunque queda por debajo de los cerca de 90.000 que el Gobierno tuvo que movilizar en el pico de los chalecos amarillos, en 2018.
En Italia, las autoridades también se preparan para nuevas protestas, tras los saqueos de Milán y otras ciudades del norte. Activistas que se identifican como Movimiento 17 de Octubre llamaron por redes a manifestarse todos los sábados hasta la caída del gobierno de Giorgia Meloni. Se enviaron 500 paracaidistas a Milán, pero solo pueden funcionar como disuasión visual: no están autorizados a controlar multitudes ni a detener gente.
Una lectura
El Gobierno francés juega su credibilidad en dos frentes: evitar una repetición de los saqueos y hacerlo sin que las restricciones, inusuales para el país, alimenten el malestar. Que la protesta nació sin sindicatos y fuera de los canales habituales complica la negociación y la previsión de multitudes. Queda por ver si el despliegue alcanza en las ciudades con marchas prohibidas y cómo se desarrolla Orléans, donde confluyen el congreso de la ultraderecha y una contramarcha masiva.