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Sábado 24 de octubre de 2026

La izquierda brasileña se prepara para la era posterior a Lula

Con una segunda vuelta muy ajustada contra Flávio Bolsonaro, el PT enfrenta la incógnita de quién podrá sostener una coalición que hasta ahora dependió de la figura del presidente.

Redacción

· 3 min de lectura

La izquierda brasileña se prepara para la era posterior a Lula
Imagen · Welt

Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, encara su última elección. En el balotaje se mide con Flávio Bolsonaro, hijo de su antiguo rival, en una carrera que según el reporte es extraordinariamente reñida. Gane o pierda, la izquierda brasileña ya piensa en cómo seguir sin él.

Un triunfo estrecho le daría un último mandato políticamente debilitado, en el que sus aliados pugnarían por la sucesión. Una derrota podría cerrar de golpe una carrera larga. En su entorno hay mucha incertidumbre sobre quién mantendrá unidas las partes contradictorias de su alianza.

Una coalición que se aflojó

En 2022, Lula ganó a Jair Bolsonaro tras salir de prisión (2019) y ver anuladas sus condenas (2021). Para ganar fue más allá del núcleo del Partido de los Trabajadores (PT): eligió como candidato a vicepresidente a un antiguo rival de centroderecha, Geraldo Alckmin, y sumó partidos de centro.

La primera vuelta mostró el desgaste. Lula obtuvo 3,4 millones de votos menos que cuatro años antes. Bolsonaro avanzó sobre todo entre los ingresos bajos y medios, y hasta en el pobre Nordeste, bastión histórico de Lula, su porcentaje cayó. A pesar del voto obligatorio, se abstuvo el 21% del padrón, la cifra más alta desde 1998.

Un escándalo bancario dominó el tramo final de la campaña. Según el reporte, Lula no estuvo implicado directamente, mientras que su rival sí fue vinculado, pero el costo político lo pagó el oficialismo. "Fue una elección contra el oficialismo, contra un gobierno rechazado por más de la mitad del país", dijo el encuestador Mauricio Moura.

Un país que cambió

Lula basó su campaña en su pasado y en advertencias sobre la democracia; su rival habló de costo de vida, corrupción y delito. Brasil, además, ya no es el mismo: creció la clase media, aumentó el trabajo en la economía de plataformas (choferes, repartidores) y las iglesias evangélicas y el sector agropecuario refuerzan identidades conservadoras. Muchos trabajadores independientes ven el modelo de bienestar de Lula más como una limitación que como una protección.

El historiador y biógrafo André Pagliarini sostuvo que, mientras Lula siga en escena, el PT no se enfrenta del todo al mundo que emerge: "sigue discutiendo el mundo del que surgió". Lula, dijo, reúne corrientes del siglo XX: católicos progresistas, intelectuales, activistas y habitantes de barrios pobres. Según el reporte, no formó un heredero político.

El presidente del PT, Edinho Silva, afirmó en 2025: "Su sucesor no será un nombre, sino el Partido de los Trabajadores. Porque no habrá un segundo Lula". Un candidato de la izquierda radical podría espantar al centro, y uno más favorable a los negocios podría dividir a la izquierda.

Fernando Brigidi, estratega brasileño-estadounidense que trabajó con Biden y en la campaña de Kamala Harris en 2024, comparó la escena con la de los demócratas: "Esta película ya la vi: un presidente de 80 años que apuesta a la nostalgia". Planteó que, si Lula pierde, el PT enfrentaría un debate como el de los demócratas: por qué no preparó un sucesor ni permitió primarias abiertas.

Movilización y desencanto

Una semana después de la primera vuelta, miles de seguidores tiñeron de rojo la avenida Paulista, en São Paulo. Lula, a poco más de dos semanas de cumplir 81, pidió movilizar a los millones que no votaron: "O participan de la vida política o no se puede cambiar nada".

Entre los indecisos hay votos de rechazo. Paulo Oliveira, gerente de ventas de 60 años, votó en blanco en la primera vuelta y dijo que apoyará a Lula "porque el otro lado es el diablo". Lo culpó por años de estancamiento y por concentrar la política en una persona: "Si Lula muere, nadie sabe a quién votar".

Una lectura

El caso excede a Brasil: en Europa, partidos de izquierda y moderados también pierden votantes que ya no los sienten representantes de sus intereses cotidianos. El presidente español, Pedro Sánchez, escribió en X que Lula representa "un Brasil que lucha contra la injusticia y la desigualdad". Queda abierto si la alianza de Lula dependía de su biografía y carisma más que de un proyecto, y quién, si alguien, puede sostenerla. Para Brigidi, la izquierda nunca ofreció una nueva visión de futuro. El resultado del balotaje definirá el ritmo de esa discusión, pero no la resolverá.

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