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Sábado 24 de octubre de 2026

Rick Jackson, el multimillonario republicano que busca gobernar Georgia sin copiar a Trump

El empresario de la salud de 72 años gastó casi US$ 200 millones propios en su campaña y suaviza su imagen de cara a la elección del 3 de noviembre, sin despegarse del todo del presidente.

Redacción

· 4 min de lectura

Rick Jackson, el multimillonario republicano que busca gobernar Georgia sin copiar a Trump
Imagen · The Associated Press

Rick Jackson, candidato republicano a gobernador de Georgia, promete a los votantes de clase trabajadora que peleará por ellos. Es un empresario de la salud e inversor de 72 años, y en su primera campaña se comparó con Donald Trump. Planeaba acompañar al presidente en un acto el sábado en Perry, su segunda aparición conjunta en el tramo final.

Su camino, sin embargo, es distinto. Trump nació en la riqueza; Jackson pasó su infancia entre hogares de acogida y fundó su primera empresa de joven. "He vivido en la pobreza", dice. "Cuando no has comido, nunca lo olvidas, y no olvidas a la gente que está pasando necesidades."

La demócrata Keisha Lance Bottoms, exalcaldesa de Atlanta, cuestiona ese planteo altruista. La elección del 3 de noviembre pondrá a prueba si una versión más suave de la política conservadora de los multimillonarios puede complementar, o incluso contrarrestar, el populismo combativo de Trump en un estado clave.

"De la crianza tutelada a multimillonario"

En el único debate de la campaña general, Jackson contó que su padre lo dejó a los nueve meses y que su madre era una camarera con estudios hasta sexto grado y un grave problema con el alcohol. Dijo que tuvo siete padrastros antes de los 12 años, vivió en viviendas sociales, pasó por 13 escuelas y por cinco hogares de acogida.

Dejó la universidad para abrir un negocio a los 21. De ahí surgió Jackson Healthcare, una gran empresa que provee enfermeros y otros trabajadores por contrato a hospitales y sistemas de salud, incluidos entes públicos que contribuyeron a su fortuna con dinero de los contribuyentes. Su lema de campaña es "De la crianza tutelada a multimillonario".

Ante cientos de votantes en Cleveland, un bastión conservador del norte del estado, afirmó: "Tengo, por mi historia, serios problemas de abandono". Y prometió: "Nunca los voy a abandonar".

Casi US$ 200 millones salieron de su bolsillo, lo que lo ubica entre los candidatos que más se autofinanciaron en la historia electoral de Estados Unidos. Él llama a su fortuna "el dinero de Dios" y sostiene que su tarea es tener "impacto en el reino". Dice haber gastado para "ayudar a 11 millones de georgianos".

Una imagen cambiante

Jackson entró a la carrera como un relativo desconocido, aunque los allegados al Capitolio estatal lo conocían por los contratos de su empresa y su actividad de lobby en salud, negocios e impuestos. En la interna enfrentó a tres funcionarios electos, entre ellos el vicegobernador Burt Jones, quien tenía el respaldo de Trump desde agosto de 2025.

Aun así, abrazó al presidente: prometió ser "como Trump, pero con tono sureño" y convertir a Georgia en líder nacional en deportaciones. En un aviso dijo: "No me importa si eres musulmán o mongol, no tienes derecho a imponer tu cultura en nuestro país". Tras vencer a Jones en la segunda vuelta archivó ese aviso, pero lo reutilizó en un spot con sus nietos, que le sugieren cómo verse "cool" con una camioneta, un perro y mejor ropa. Luego difundió otro con jóvenes beneficiados por los millones que destinó a chicos que salen del sistema de tutela a los 18.

También bajó el tono de su elogio a Trump. En julio, en Marietta, dijo esperar ser "el gobernador favorito de este tipo". El 16 de octubre, en Dalton, no lo nombró en su discurso; cuando el presidente lo llamó al escenario, lo elogió por defender a los chicos en hogares de acogida. Su campaña había planeado un acto propio en el área metropolitana de Atlanta antes de cambiarlo para volver a estar con Trump. La nota atribuye el ajuste a la aritmética electoral de Georgia y al malestar de los votantes con la guerra con Irán y la inflación.

Propuestas y polémicas

En lo programático mantiene posiciones republicanas clásicas: bajar impuestos, regulaciones y lo que describe como despilfarro. Promete no buscar un segundo mandato si no logra reducir a la mitad el impuesto estatal a los ingresos en cuatro años. Propone presupuesto equilibrado y auditorías completas del gasto, aunque la ley estatal ya exige lo primero y las auditorías son práctica habitual.

Quiere ampliar la cobertura de salud sin extender Medicaid, mediante alianzas con aseguradoras privadas. Eso requeriría autorización de Washington y un nivel de apoyo financiero que ningún estado obtuvo sin expandir Medicaid tradicional. Afirma que además aumentará el gasto en salarios docentes y educación vocacional.

Bottoms sostiene que Jackson intenta "comprar esta elección" para ser un títere de Trump. Los demócratas también marcaron sus dichos sobre la economía: "mi plomero maneja un Mercedes", o su sugerencia de que los atlantinos se sentían inseguros "en la estación de gas" durante la gestión de ella. A una asistente que preguntó por el salario mínimo le respondió: "Ojalá no seas la que cobra 7,50 dólares la hora". El mínimo es de US$ 7,25. Bottoms propone duplicarlo; Jackson no propuso ningún aumento y dijo: "Mi foco es crear empleos".

Entre sus seguidores, la historia personal funciona. Debbie Satterfield, de 72 años, fue a un acto con una remera de Trump y un adhesivo de Jackson: "Me recuerda a mi vida empezando de cero. Se le ve el alma".

Una lectura

Jackson intenta sostener dos identidades: la del hombre hecho a sí mismo, de tono amable, y la del aliado de Trump en un estado donde el presidente moviliza pero también genera rechazo. Su fortuna, que financió el grueso de su campaña, es a la vez su ventaja y el flanco que explota Bottoms. Queda por ver si el contraste de estilo alcanza para neutralizar los tropiezos sobre salarios y si el votante premia el giro hacia el centro o lo lee como cálculo.

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