Los distritos competitivos de la Cámara baja de EE.UU. se achican y cada vez pesan menos
La cantidad de bancas en disputa cayó de 45 a 37 en el último año, tras la ofensiva de rediseño de mapas electorales. El caso del distrito 13 de Carolina del Norte muestra cómo se decide casi todo en las internas.
En 2022, el demócrata Wiley Nickel se presentó como moderado y ganó por unos 9.000 votos el 13.º Distrito Congresional de Carolina del Norte. Dos años después, el republicano Brad Knott, que hizo campaña como conservador, llegó a la Cámara de Representantes con más de 70.000 votos de ventaja.
Los votantes no cambiaron de opinión: cambió el mapa. La legislatura, de mayoría republicana, rediseñó el distrito, que pasó de rectangular a una forma de reloj de arena. Dejó afuera a los votantes demócratas de Raleigh y sumó una franja de condados rurales que llega hasta la frontera con Virginia. Era uno de los últimos distritos pendulares del Sur y ahora es una banca segura republicana.
Una tendencia que se aceleró
Se considera distrito pendular a aquel en el que el candidato presidencial ganó por 5 puntos porcentuales o menos en la elección anterior. Según el artículo, su número viene erosionándose desde la posguerra, por la polarización, el menor voto cruzado entre partidos y la tendencia a vivir entre personas afines. En 1964 había 96, según un conteo de los años setenta.
Ese declive se aceleró en el último año, cuando el presidente Donald Trump impulsó una disputa partidaria por el rediseño de mapas: los distritos pendulares pasaron de 45 a 37. Así, la gran mayoría de las bancas se define en las internas, con el voto de una fracción de electores que suele estar en el extremo ideológico de cada partido.
Unite America, organización que promueve alternativas a las primarias partidarias, calculó que el 87% de los representantes elegidos en 2024 lo fue por el 7% de los votantes del país. Su director ejecutivo, Nick Troiano, anticipó que será peor en noviembre: "La elección menos competitiva de nuestras vidas dará lugar al Congreso menos responsable y menos representativo de nuestras vidas".
Nickel, por su parte, dijo que "la mayor división en el Congreso no era demócratas contra republicanos, sino bancas seguras contra bancas competitivas".
Un campo de batalla estrecho
De cara a las elecciones del 3 de noviembre, los demócratas ampliaron sus objetivos, en un contexto de rechazo a la guerra con Irán y de enojo por los precios altos. Ambos partidos gastan en zonas republicanas que normalmente no serían competitivas. Aun así, Mike Marinella, vocero del comité de campaña republicano para la Cámara, describió la pelea como "una pelea a cuchillo en un callejón oscuro".
El politólogo de Yale Ian Shapiro estimó que, incluso con un vuelco como el de 2006, no cambiarían de manos 40 bancas sino unas 20. Hay un debate académico sobre cuánto del achicamiento se debe al gerrymandering (el diseño de distritos con fines partidarios) y cuánto a la concentración geográfica de votantes afines. Varios estudios encontraron que, sin gerrymandering, la Cámara tendría cerca del doble de distritos competitivos. Casi todos coinciden en que menos competencia aumenta la polarización, porque los legisladores responden solo a los votantes de las internas.
Una decisión hecha de números
Nickel decidió no buscar la reelección tras revisar los resultados desde 2016: ningún demócrata en funciones había conservado una banca donde Trump sacó 55% o más. En el nuevo distrito, Trump obtuvo 58%. Había presentado un proyecto para exigir un sistema no partidario de diseño de distritos. Primero pensó en el Senado, porque las bancas estatales no se pueden manipular, pero cuando el exgobernador Roy Cooper anunció su candidatura cambió y se postuló para fiscal de distrito del condado de Wake. Ganó la interna demócrata y asumirá en enero; no hubo candidato republicano.
El politólogo Joshua Huder, de Georgetown, señaló que "si se trazan grandes bloques alrededor de un estado, se obtienen distritos no competitivos porque estamos muy polarizados". Michael Bitzer, de Catawba College, indicó que solo el 15% de los precintos de Carolina del Norte pueden considerarse competitivos.
Del viejo distrito al nuevo
Del centro de Raleigh a la zona nueva hay unos 90 minutos de viaje entre barrios residenciales y campos de soja y tabaco. Allí casi no se habla de la carrera congresional. Linda Long, de 62 años, republicana de Roxboro, dijo: "Es lo que siempre fui". George Scott, jubilado de 75 años que detesta a Trump, seguirá votando republicano: "Es solo una persona".
El candidato demócrata, Paul Barringer, exabogado del sector salud que fue republicano y cambió de partido para competir, apuesta a una sorpresa. Dijo que la gente está "disgustada" y quiere "gente que encuentre formas de trabajar juntos". Los demócratas nacionales incluyeron la banca en una lista de posibles sorpresas, pero hasta una anfitriona de su acto, Mary Blank, de Indivisible, admitió: "No creo que Paul pueda ganar". El alcalde republicano de Four Oaks, Linwood Parker, dijo que los demócratas "están tirando humo". Recordó que los demócratas también manipulaban los mapas hasta perder el poder en 2010, y justificó el rediseño actual como una palanca que el partido en el poder debe usar. Ni Knott ni su campaña respondieron el pedido de entrevista.
Una lectura
El caso muestra que el rediseño partidario y la polarización geográfica se refuerzan entre sí, y que ambos partidos lo practicaron cuando pudieron. La consecuencia es que, aun en un año adverso para los republicanos, el margen de cambio es limitado. Queda abierto cuánto de esa rigidez es reversible con mapas no partidarios o con cambios en las primarias, y si las bancas hoy consideradas seguras resistirán el humor del electorado el 3 de noviembre.
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