La meta de proteger el 30% del planeta y sus límites
El acuerdo mundial sobre naturaleza busca proteger para 2030 el 30% de las tierras y los mares. Pero las áreas protegidas no son necesariamente espacios sin gente, y la pérdida de biodiversidad sigue en el resto del territorio.

El Acuerdo Mundial sobre la Naturaleza, surgido de la conferencia de biodiversidad de la ONU, se propone proteger para 2030 el 30% de la superficie terrestre y marina. La meta suele leerse como la promesa de grandes extensiones de naturaleza intacta, pero esa idea encierra un malentendido: las áreas protegidas no son por definición territorios deshabitados, y fuera de ellas el deterioro continúa.
Una imagen tentadora
La discusión remite a "Planet City", una videoinstalación del arquitecto y artista Liam Young. La obra plantea un experimento mental: qué pasaría si toda la población mundial proyectada para 2100 viviera en una sola ciudad, de un tamaño similar al de Texas, y el resto del planeta quedara para la naturaleza.
En la imagen de Young, la metrópolis de diez mil millones de habitantes se ve habitable: torres apiladas como panales, mucho espacio entre ellas, árboles y campos donde tractores autónomos trazan surcos. Lo que ocurre en el resto del planeta no se muestra; hay que imaginarlo. Y ese parque nacional planetario es, según la nota original, lo que vuelve tan seductora la propuesta.
Lo que la meta no garantiza
Frente a esa visión, la realidad de la meta del 30% es más matizada. Proteger una superficie no equivale a dejarla sin presencia humana, y la pérdida de naturaleza no se detiene en las zonas que no están bajo protección.
Queda abierto cuánto del objetivo puede cumplirse en la práctica y de qué manera. La cifra de 30% ordena la discusión, pero no responde por sí sola cómo se usará el 70% restante ni qué tipo de protección tendrá el resto. Ese será probablemente el punto a seguir de cerca hasta 2030.
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